5/12/16

Wilson, grita


¿Alguna vez os he contado sobre la vez que intentamos robar un banco?

Por desgracia, sí. Lo intentamos. No sé qué estaríamos pensando, pero incluso dejamos prepararlo al máximo exponente representativo del punto medio entre meme y hombre. Un tal Wilson. No queréis saber quién es. Limitaos a leer ésta escueta descripción y a imaginarlo. Ya teníamos que estar desesperados para aceptar hacer algo así. En fin, al grano.

Ass payout ops

Nos dirigimos al banco con unas pintas horrendas. Trajes de policía inglesa con unos sombreros de copa redondos. Sea como fuese, no discutimos la idea de que fuese una ocurrencia que nos ayudaría en nuestro cometido. Íbamos armados con escopetas recortadas al más puro estilo gangster redneck. Para atracar un banco. Para intimidar a largas distancias. Escopeta recortada.

Aunque no hagamos gala de un buen criterio en cuanto a nuestra toma de decisiones, dejamos al que ha organizado todo ir primero. En cuanto saltamos los arbustos que hay justo al lado de la puerta del banco para entrar más o menos sigilosos y empezar con buen pie, el capitán le pega un tiro en la cara al primer segurata que ve. Suenan las alarmas y hay que salir pitando.

Si no hemos preparado indumentarias adecuadas ni un plan con el que colarnos bien y organizadamente, imaginad la escapatoria. Ni un coche, ni una moto, ni nada. Pues nada. Los ahora delincuentes más buscados de toda la provincia, en bragas antes de ejecutar el atraco que tenían en mente realizar. Que te jodan, Wilson. Me largo por patas. Mi compañera y yo salimos corriendo hacia el norte, que parecía estar menos poblado y más disperso. Por los sonidos que se escuchan de la otra parte del edificio, la cual dejamos atrás, han pillado al cabeza de turco. No es que me alegre, pero no podéis discutirme que se lo haya ganado.

Tras un par de horas huyendo de nuestro fatal destino (también nos hubiéramos merecido pasar unos cuantos lustros entre rejas por meternos en tal berenjenal), nos separamos y acabo en una parte que se asemeja algo a un paisaje irlandés. Edificios de piedra, tiendas que parecen pubs, plantas trepadoras. Acabo en una calle con varias lonjas con carteles de coches clásicos en venta. Llamadme pesado pero soy un obseso de las moles de metal con cuatro ruedas. No me va a venir mal estar algo más de tiempo undercover en pisos subterráneos haciendo algo que no me disgusta de forma que pase el tiempo más rápido.

A botanical men mooing

Lo que parecen lonjas descuidadas por fuera, por dentro son auténticos laberintos con paredes de ladrillo (bastante presentables), con escaleras comunicando unos pasillos con otros e iluminación escasa (pero suficiente) de neones coloridos. En parte me sentí estafado porque de lo que anunciaba el cartel vi más bien poco, pero por otra parte había máquinas recreativas expuestas y funcionales. Que es algo tan o más espectacular que los propios coches clásicos; incluso pueden llegar a tener más valor.

No sé cuánto tiempo pasé vagando entre paredes de ladrillo fascinado por los colores y la dedicación a crear un ambiente tan (válgame la redundancia) recreativo, pero os aseguro que no el suficiente. Cabe destacar que no estaba solo, pero tampoco especialmente acompañado. Vi cerca de 5 personas dentro conmigo. Dos de ellas padre e hijo. Hicimos bien en tomar la ruta del norte. Despoblado y disperso.