1/12/16

Juanito Averías: Capítulo III

En serio, ¿es la tercera vez que os hablo de Juanito Averías?

Prometo que este es el último capítulo de este señor. Al menos por ahora. Si vuelve a aparecer en mi aburrida vida, pues no tendré más remedio que escribir más y más entradas.

Resulta que el tiempo pasó con calma. Juanito y su familia seguían yendo a la casa los fines de semana. Mi hermano y yo seguíamos jugando, viendo pelis, y riéndonos mucho. La puerta seguía estropeada. Todo iba bien.

Pero un día, joder. Juanito Averías tuvo la brillantísima idea de echar 3 en 1 en la cerradura de la casapuerta, porque "iba un poco mal". Para el que no sepa absolutamente nada de qué es el 3 en 1, pues es lo que es echa en las visagras para que dejen de chirriar. Es terriblemente abrasivo. Se come el óxido, y también el metal. En una cerradura, el efecto es desastroso, pues se come los pernos que hay dentro, y las llaves dejan de encajar, o encajan mal.

Por supuesto, el buen señor no tenía ni puta idea, y en vez de preguntarle a un vecino que supiera (literalmente todos), lo quiso hacer él. Típico de Juanito Averías. La cerradura pasó de estar un poco seca, a dejar de funcionar completamente. Había que forzarla mucho para que pudiera abrir. Un día, apareció una llave encajada dentro, rota. Seguramente de un vecino enfurecido con la puerta.

Por supuesto, hubo que cambiarla. Y no era la primera vez. Era la segunda. Sí. La primera vez se cambió por la puerta nueva, y ésta era la segunda. Derrama para cerradura, y encima hacer copias nuevas de llaves. Porque dan una por piso, y si en tu casa sois 5, eso son 4 puñeteras llaves más. Sí. Matemáticas básicas. Es tan sencillo como saber que a una cerradura no se le echa 3 en 1.

Bien. Esto pasó dos veces. Sí. No voy a volver a contarlo, porque literlamente pasó lo mismo a los dos meses. Tres cerraduras en un año. Récord. Gracias, Averías. Putísimas gracias. Pero la parte central de la historia no es ésta. Es la de un árbol, o lo que quedaba de él.

Veréis, justo afuera de la casapuerta, había dos árboles. Uno a la izquierda, y otro a la derecha. Muy bonitos. Eso era en cada una de las 4 casapuertas que había a mi lado de la calle. Dos arbolitos a cada lado de la casapuerta. Algunos son gigantes, otros finos, y éste en concreto, un tocón cortado. 

Antiguamente todos eran gigantescos. Pero tuvieron que ir cortándolos y sacándolos porque las raíces de los gigantescos árboles estaban cargándose las tuberías que había debajo, y eso nos dejaba sin agua de vez en cuando, o con agua marrón. Algunos de esos árboles aún están, pues no pasa ninguna tubería por ahí, supongo.

El caso de este tocón es desconocido para mí. Desde pequeño siempre ha sido un tocón. Nunca lo he visto grande. No tengo ni idea de lo que era antes ni de por qué cortaron ese árbol. Y mi familia tampoco lo sabe, o sea que ese árbol nació tocón, y murió tocón. Menuda introducción. Me he alargado un poco, mejor voy al lío.

Juanito Averías, el querido vecino que iba una vez a la semana, y algunas semanas no iba, empezó a quejarse de que los perros meaban en el tocón. Sí. El hombre se quejaba de que los perros se measen en el tocón, y decía que olía mal (para nada), y que estropeaba la imagen de la comunidad (no la estropeaba más que él).

Bueno. Se le ocurrió una magnífica idea al señor Averías. Cogió un montón de escombros, cemento y piedra, y lo puso todo sobre el tocón. Dejó que se secara, y lo dejó así, tal cual. Bueno, con un cuadradito en una esquina, por algún motivo que desconozco. Una puta obra de arte. Os dejo una foto mejor.


La carita triste del cuadradito fue cortesía de un heróico, inteligentísimo y atractivo vecino. Esto que hizo, también lo hizo sin avisar, sin dar explicaciones, y sin permiso de nadie más que su cara bonita y sus habilidades chapuceras de absolutamente todo. Y así se quedó durante un par de semanas.

Mi hermana tomó medidas. Hay una aplicación de Android que permite mandar incidencias directamente al ayuntamiento, y en teoría, se encargan. Mandó una foto, explicó la situación, y en dos semanas llegaron unos trabajadores. Quitaron todo el estropicio de raíz (literalmente, porque el tocón seguía ahí), y pusieron un arbolito nuevo.

El arbolito nuevo quedó genial. Y los perros siguieron meando en la tierra bajo el árbol. Pero esta vez no se quejó más, claro. ¿Qué iba a hacer? Os pongo, por supuesto, una fotito del árbol.


Tras este incidente, no se volvió a saber mucho más de Juanito Averías. Empezó a venir cada vez menos hasta que finalmente dejó de venir. Hace relativamente poco, se mudó un nuevo inquilino. Probablemente su hijo o sobrino. A veces vienen sus hijos a jugar a la pelota en el patio. Parece un buen tío, y de momento nos llevamos bien. Y eso que a veces estamos con el GTA hasta las 4 de la mañana con 6 personas partiéndonos el culo de risa. Un buen tío, repito.

Y aquí se acaba. A ver si vuelve el tío, y monto otra trilogía.