¿Os acordáis de la última vez que os dejé a medias? En caso negativo, os recuerdo que leáis ésto
Hoy conoceréis parte de éste infierno casi literal que representó un problema más grande del que debió ser. Involuntariamente, algo tan redundantemente simple como una lesión con arreglo fácil siendo joven me incapacitó para algo tan básico de la edad como practicar deporte unos escasos y míseros cinco minutos o llevar un ritmo normal de vida al no poder aguantarlo según las circunstancias (cuánto me doliese, por poner un ejemplo). Suena ridículo leerlo tantas veces, pero tampoco suelo quejarme por nada. Ahora que está (no del todo, pero bastante) superado, cuando miro hacia atrás sigo viendo dolor e impotencia. Pero vamos, que tampoco es algo tan trágico como una muerte. Aunque según de quién, tampoco quiero ser cínico. Es un binomio raro. Como cuando te llevas el clásico golpe en la bolsa escrotal. No te has roto nada (hopefully), pero puedes echar la pota si te has golpeado lo suficientemente fuerte. O lo suficientemente preciso. En fin. Sigo.
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| Nacho gamin pic |
Pasó otro periodo de tiempo hasta que volví a sentir que se me iba la vida a través de la pierna izquierda, mi ingenua mente llegó a volver a pensar que de verdad había pasado la tormenta y ya estaba todo bien, pues había probado y según el día, hasta parecía bastante estable. El agujero estaba hecho y no me fiaba en absoluto, pero si la ciencia me decía lo contrario, pa'lante.
Resumiendo cuentas, volvió a pasar. En una clase de educación física le dije a mi profesor que parecía ir correctamente, hasta que me tocó frenar en seco. En esa tensión acumulada al frenar de golpe pero resbalando un poco, el peso de mi cuerpo sumado a la inercia causada por la velocidad que llevaba, se cargó mi rodilla izquierda de nuevo y mi tobillo derecho. Wow. La mañana siguiente no podía ni andar, literalmente. No tengo una pierna sana sobre la que apoyarme y si doy un paso me duele menos caerme de boca que tener que soportar tanto peso en un solo punto.
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| Satan inner rag |
Mi madre, tras la bronca por no haber podido ir a clase, accedió a llevarme al hospital a regañadientes. También accedió a entender que no podía andar para llegar a clase, o al menos no volvió a sacar el tema. Después de ver cómo me sangraba el tobillo por dentro entró un poco más en razón. Con eso bastaba. Llegamos allí, y me atendió un traumatólogo demasiado viejo y lo que me pareció la alumna de prácticas más guapa que podía haberse encontrado aquel carcamal en todo el recinto. Esa simbiosis de olor a orines y a colonia de Playboy fue mi perdición. El viejo parecía tratar de impresionar a su nueva chati de la consulta diagnosticándome un esguince de rodilla y un nosequéhostias en el tobillo. Tenía un color bastante feo pero a mí me importaba la rodilla. Yo intentaba explicarle que ya había venido y podía leer y deducir por mi historial que no era un esguince, pero él estaba demasiado concentrado analizando el "vendado en espiga" que estaba ejecutando sobre mi pobre articulación en ese momento. No se me va a olvidar el nombre de la técnica en la puta vida. Pues no había manera de hablarle, incluso cuando terminaba de hablar, trataba de decirle algo y me cortaba echando hostias. Salí de la consulta desesperado y muy cojo. Para colmo, cuando quería darme cuenta mi madre me sacaba medio kilómetro de ventaja en el trayecto a casa. El karma es muy feo, vieja. Recuerda que aunque las probabilidades hayan dictado lo contrario, eres más proclive a ser la próxima coja. Prepárate para verme esprintar como nunca cuando tengas que andar con bastón.
Entrábamos en 2013 y aún seguía igual, solo que menos musculado y más amedrentado con el tema. En otras palabras, peor. El tiempo pasaba y hacía estragos, pero no sanaba. Después de un comienzo de año repleto de ocasiones en las que acabé en el suelo gracias a la precariedad en no ser gilipollas (por mi parte y por la de los médicos que me atendieron), me armé de impaciencia y valor (más de la primera que de la segunda) para volver una vez más al hospital, a ver si por suerte me atendía alguien más interesado por su paciente que por su sueldo a final de mes. Y bingo, un traumatólogo con oídos funcionales. Le comenté mi problema y le pedí que buscase mi historial, estaba segurísimo de que no era un simple y llano esguince. Y me dio la razón. Me dio cita con un especialista, y me anticipó que incluso podría tener que pasar por quirófano. Me suda todo el cuello del rabo, colega. Quiero no tener que preocuparme por volver a retorcerme de dolor al dar un paso en un ángulo al que mi rodilla no le haga gracia.
Al entrar en la consulta del especialista en cuestión, me atiende una mujer con bata blanca. Me hace un par de preguntas, y después de asentir simulando que ha entendido lo que me hacía falta, procede a comunicarme que me va a dar cita con el especialista, pero no dónde se esconde la cámara oculta. Acabo de venir a la consulta del especialista para que me atiendas tú, y me digas que tengo que ir a la consulta del especialista. Acababa de experimentar el primer bug o glitch de la vida real, debí haberme saltado un evento antes. Quizá no cumplí el cupo de caídas antes de desbloquear la última visita o algo. Por cierto, se me ha olvidado recordároslo, pero he dado por hecho que lo daríais por hecho vosotros. Entre consulta y consulta pasa tiempo. Y por tiempo me refiero a tiempo que podría haberme ahorrado también.
Son ya mediados de 2013 y estoy con el especialista en la misma consulta en la que la parva me dio la actual cita. Con la parva dentro de la consulta también. Me mandó bajarme los pantalones sin invitarme a algo primero ni conocernos un poco más a fondo, me hizo tumbarme en la camilla, jugó conmigo como si fuese un juguete (me hizo pruebas sobre la estabilidad de la rodilla), y no me llamó al día siguiente. Pero me dijo que probablemente tuviese el LCA (acrónimo de ligamento cruzado anterior) roto. Genial oye. Año y pico para diagnosticar algo que podría haberse hecho la primera vez que fui. Más vale tarde que nunca, dicen.
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| A jaguar's held point |
Después de comunicarme que tendría que operarme si quisiese volver a tener una rodilla 100% funcional y aceptar sin pensármelo mucho, me dieron cita para hacerme una resonancia magnética y saber a ciencia cierta lo que tenía. Pasaron aún más meses. Era septiembre, y en la resonancia descubrieron que tenía el menisco interior roto y una contusión ósea, además del LCA roto. Cojonudo, el lote completo.
Por delante quedaba el que sería el último año de bachillerato, y remarco el sería. Porque operarme en mitad del transcurso de mi último año no me iba a hacer ningun favor y las apuestas apuntaban a que iba a repetir. Al igual que ésta sería la última parte, pero en verdad voy a tener que dejar el final para la tercera. Esperaos una historia con sustancia, porque éste culebrón, por desgracia, va para largo.


