¿Os acordáis de cuando hicimos un featuring en el blog? Pues la historia se repite. Os habla el comandante menisco desde el lugar que hubiera ocupado la segunda parte de la historia, que se va a retrasar por una buena razón. Hoy deja su granito de arena en ésta pila de cal un nuevo miembro honorífico y seguidor namberJuan de Fagcodski, Quiero y espero que no sea la última vez que hace una aparición, junto con un par de fichajes más que tenemos apuntados y pendientes de persuasión. You know we be dealing the good shit bruh. Y he aquí la prueba:
¿Alguna
vez os he contado...? Un segundo, nunca os he contado nada. En fin;
os voy a contar cómo me salió una ampolla del tamaño de una pelota
de golf.
Hay una cosa que los seres humanos adoran por encima
de todo: la vagancia. Bueno, y la comida rápida. El sedentarismo en
general. Muchas charlas de "tío, tienes que ser saludable",
pero en el fondo todos nos permitimos algún capricho de vez en
cuando. Sustituye capricho por pizza congelada del
supermercado, y ya has entrado de lleno en mi vida. He catado
infinitos tipos distintos de pizza, de diferentes
marcas/restaurantes. He visto mundo. O debería decir, he visto
queso.
Un buen día, como muchos otros, me dispuse a
inyectarme al sistema digestivo una pizza. Una cuatro quesos
rectangular del Carrefour, un poquito rara. Pero está que te cagas.
Es enorme, así que antes de calentarla la corto por la mitad. Una
mitad mide unos veinte centímetros cuadrados. Imaginaos una pizza en
forma de baldosa.
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| Albania sad at oil |
Para calentar las pizzas y todo lo
oven-related, tenemos en casa un microondas muy guay que tiene
una especie de plancha redonda sobre el plato. Usando esa plancha se
pueden cocinar cosas de forma que queden como si estuvieran hechas al
horno. Os juro que la diferencia es inapreciable. Pues ya estaba la
pizza hecha y, para sacarla, tuve que usar una espátula de cocina
estrecha porque no había nada mejor. Ya la había usado
anteriormente, tenía especial maña.
Pero ese día no pude
mantener la pizza equilibrada sobre la espátula, y la deliciosa
baldosa se precipitó al suelo a velocidad punta. ¡No si mis
reflejos podrían evitarlo! Mi mano derecha fue rápida y atrapó la
pizza en el aire... pero por el lado de los cuatro quesos
volcánicos recién cocinados. Dejé la pizza rápidamente en el
plato y fui a quitarme el pedazo de queso que se me había enrollado
en el dedo meñique con agua, activando el grifo con fuerza hercúlea.
En total, el queso estuvo calcinando mi dedo durante unos 4 o 5
segundos. Cuatro quesos de ardiente furia implacable durante todo ese
tiempo. El dolor fue apareciendo progresivamente hasta hacerme poner
una retorcida cara de sufrimiento eterno.
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| Elected hernia |
Estuve toda la tarde con el dedo en
un vaso de agua pensando que sería una quemadura pasajera, pero el
dolor iba a más y mi dedo estaba extremadamente sensible. Así que
fui al ambulatorio y entonces empezó mi terapia. Me aplicaron una
pomada amarilla muy gruesa (parecía corcho, en serio) y encerraron
mi dedo en una prisión de gasas y vendas a modo de crisálida. Tenía
que volver cada semana a que me quitaran el armatoste, me reaplicaran
la pomada y tal.
Tras una semana, volví al médico y me
retiraron los vendajes. El horror que vi ese día todavía me
atormenta (de forma graciosa, por suerte) en estos momentos. Casi en
el extremo del dedo meñique se había formado una pedazo ampolla de
proporciones sobrenaturales. Una esfera de piel envolvía mi dedo
como una sortija gigantesca. Me había casado con el queso. A ojos de
una hormiga, mi dedo parecería el enorme martillo justiciero de los
dioses.
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| Stoic elf jug |
El resto de la historia es lo
esperado: dolor, usar el teclado con 9 dedos en lugar de 10
(asumiendo que los uso todos, como debería ser), dolor,
etcétera. Pasó un mes hasta que por fin mi dedo se había curado
del todo y volví a tener una mano sana y no quemada. Recordad: si
alguna vez necesitáis llamas del averno, hay un sustituto llamado
Cuatro quesos.
Por cierto: cuando fui el primer día al
ambulatorio, le expliqué XD a la enfermera lo que me había pasado.
Me preguntó si, tras eso, me comí la pizza. Con orgullo, le
respondí que sí.


