28/11/16

Blazing lactosa

¿Os acordáis de cuando hicimos un featuring en el blog? Pues la historia se repite. Os habla el comandante menisco desde el lugar que hubiera ocupado la segunda parte de la historia, que se va a retrasar por una buena razón. Hoy deja su granito de arena en ésta pila de cal un nuevo miembro honorífico y seguidor namberJuan de Fagcodski, Quiero y espero que no sea la última vez que hace una aparición, junto con un par de fichajes más que tenemos apuntados y pendientes de persuasión. You know we be dealing the good shit bruh. Y he aquí la prueba:

¿Alguna vez os he contado...? Un segundo, nunca os he contado nada. En fin; os voy a contar cómo me salió una ampolla del tamaño de una pelota de golf.

Hay una cosa que los seres humanos adoran por encima de todo: la vagancia. Bueno, y la comida rápida. El sedentarismo en general. Muchas charlas de "tío, tienes que ser saludable", pero en el fondo todos nos permitimos algún capricho de vez en cuando. Sustituye capricho por pizza congelada del supermercado, y ya has entrado de lleno en mi vida. He catado infinitos tipos distintos de pizza, de diferentes marcas/restaurantes. He visto mundo. O debería decir, he visto queso.

Un buen día, como muchos otros, me dispuse a inyectarme al sistema digestivo una pizza. Una cuatro quesos rectangular del Carrefour, un poquito rara. Pero está que te cagas. Es enorme, así que antes de calentarla la corto por la mitad. Una mitad mide unos veinte centímetros cuadrados. Imaginaos una pizza en forma de baldosa.

Albania sad at oil
Para calentar las pizzas y todo lo oven-related, tenemos en casa un microondas muy guay que tiene una especie de plancha redonda sobre el plato. Usando esa plancha se pueden cocinar cosas de forma que queden como si estuvieran hechas al horno. Os juro que la diferencia es inapreciable. Pues ya estaba la pizza hecha y, para sacarla, tuve que usar una espátula de cocina estrecha porque no había nada mejor. Ya la había usado anteriormente, tenía especial maña.

Pero ese día no pude mantener la pizza equilibrada sobre la espátula, y la deliciosa baldosa se precipitó al suelo a velocidad punta. ¡No si mis reflejos podrían evitarlo! Mi mano derecha fue rápida y atrapó la pizza en el aire... pero por el lado de los cuatro quesos volcánicos recién cocinados. Dejé la pizza rápidamente en el plato y fui a quitarme el pedazo de queso que se me había enrollado en el dedo meñique con agua, activando el grifo con fuerza hercúlea. En total, el queso estuvo calcinando mi dedo durante unos 4 o 5 segundos. Cuatro quesos de ardiente furia implacable durante todo ese tiempo. El dolor fue apareciendo progresivamente hasta hacerme poner una retorcida cara de sufrimiento eterno.


Elected hernia
Estuve toda la tarde con el dedo en un vaso de agua pensando que sería una quemadura pasajera, pero el dolor iba a más y mi dedo estaba extremadamente sensible. Así que fui al ambulatorio y entonces empezó mi terapia. Me aplicaron una pomada amarilla muy gruesa (parecía corcho, en serio) y encerraron mi dedo en una prisión de gasas y vendas a modo de crisálida. Tenía que volver cada semana a que me quitaran el armatoste, me reaplicaran la pomada y tal.

Tras una semana, volví al médico y me retiraron los vendajes. El horror que vi ese día todavía me atormenta (de forma graciosa, por suerte) en estos momentos. Casi en el extremo del dedo meñique se había formado una pedazo ampolla de proporciones sobrenaturales. Una esfera de piel envolvía mi dedo como una sortija gigantesca. Me había casado con el queso. A ojos de una hormiga, mi dedo parecería el enorme martillo justiciero de los dioses.

Stoic elf jug
El resto de la historia es lo esperado: dolor, usar el teclado con 9 dedos en lugar de 10 (asumiendo que los uso todos, como debería ser), dolor, etcétera. Pasó un mes hasta que por fin mi dedo se había curado del todo y volví a tener una mano sana y no quemada. Recordad: si alguna vez necesitáis llamas del averno, hay un sustituto llamado Cuatro quesos.

Por cierto: cuando fui el primer día al ambulatorio, le expliqué XD a la enfermera lo que me había pasado. Me preguntó si, tras eso, me comí la pizza. Con orgullo, le respondí que sí.