21/11/16

X Games

¿Os conté cuando hice coleguitas yendo en bici?

Había quedado con unos amigos e iba demasiado temprano; había calculado mal el tiempo, así que tocaba ir a darse una vueltilla. Saqué la BMX y emprendí el camino. Iba a llegar a tiempo sí o sí, así que por ir algo más lento y a gusto en bici, no iba a pasar nada.

Según salgo de casa, hago un par de trucos para ver si aún estaba oxidado. Y wow, estaba incluso mejor que antes. Empecé a hacer trucos que ni conocía. Tenía energías. Un hombre que vivía en mi mismo edificio me vio desde su moto, y se quedó alucinado con los trucos. Se acercó a mí y me preguntó hacia dónde me dirigía. Se lo dije, y me pidió que le esperase justo donde estábamos. Subió a su casa, y bajó su propia BMX. El mismo modelo que la mía, solo que la mía era negra y la suya plateada. Me propuso ir a un skatepark que conocía, pero no me sonaba en absoluto. Me guiaría él, así que no me preocupaba.

Fuimos por la mitad de la carretera, había pocos coches. Íbamos saltando para calentar, bastante relajados. Hacía un tiempo de lujo, se veía el atardecer, y el sol no apretaba. Todo guay. Hasta que un superdeportivo rarísimo empezó a acercársenos. Era un Koenigsegg Ccx, y el hombre extraño al volante parecía un mafioso con unas pintas muy turbias. No le hicimos mucho caso, hasta el momento en el que empezó a seguirnos. Parecía gustarle lo que hacíamos, y simplemente se limitaba a mirar mientras seguía nuestros pasos. De pronto, otros dos superdeportivos se acercaban a lo lejos a una velocidad desorbitada. E iban a por nosotros. No parecían compinches del mafioso, y pudimos confirmarlo cuando él también se apartó de la escena. Intentamos salir pitando, pero evidentemente no vamos a ser tan ágiles como un cochazo que costaba más que nuestras propias casas.

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Traté de esconderme detrás de un contenedor pegado al comienzo de la cuesta que trazaba la carretera, y me libré del atropello, pero el segundo coche pilló a mi vecino, con un resultado fatal. Un charco de sangre rodeaba su BMX, que yacía en mitad de la carretera. Me acerqué, y el mismo coche que mató a mi vecino, me arrolló mandándome 20 metros hacia adelante. Inexplicablemente, sobreviví. El impacto principal se lo llevó la bici, o supongo que esa es la explicación que más se acerca a la realidad. No soy físico. Ojalá. A ver, tengo cuerpo palpable y vivo en éste mundo, pero me refiero a que no he estudiado física, copón.

Sin comerlo ni beberlo llegué a ser el chuleta de un barrio llamado Bel-Air mi vecino apareció de la acera de en frente sin un rasguño. No había tiempo para explicaciones. Cogimos nuestras respectivas bicis, y nos largamos pitando de allí. El mafioso que nos seguía estaba de nuestra parte y empezó a perseguir a los malhechores para intentar matarlos, exitosamente. Después de encargarse de ellos, volvió a toda prisa para seguirnos y seguir viéndonos. Resulta que era amistoso.

Al igual que mi vecino, los delincuentes de antes también volvieron a aparecer en sus supercoches algo dañados, y estaban dando guerra otra vez. El mafioso de nuestra parte intentaba lidiar con ellos mientras intentábamos esquivarlos. Qué pesadumbrez, carajo.

Antes de darnos cuenta, habíamos llegado al skatepark, mientras nuestro nuevo coleguita-mafias se encargaba de entretener a los otros dos capullos. Era más o menos clandestino: constituído completamente por cemento, se accedía a él por un agujero en la pared de un suburbio debajo de una autopista que llevaba a la ciudad. ¿Cómo es que no conocía éste sitio? Qué guapo.

Agradecí a mi vecino la guía y nos pusimos a hacer el polla en las rampas. Pero de repente, desapareció. Y junto a él, el mafioso y los otros dos pandilleros. Estaba solo. Solo y tarde, porque había quedado con mis coleguitas pero iba a ir justo de tiempo. Mierda, acababa de llegar. Así que tuve que irme de allí, no sin antes guardar éste momentazo y marcar en mi mapa el skatepark clandestino.