24/10/16

Virus T

En moto por la autopista, a punto de incorporarme girando a la izquierda para tomar el camino que lleva a mi antiguo colegio (ahora refugio), hago una parada para ver en qué se ha convertido todo ésto. El almacén más grande del lado de la autopista, característica por el mismo, comienza a derrumbarse. Después de tanto tiempo estando abandonado, tarde o temprano caería. Aún no me creo lo que ven mis ojos, pero al diezmarse la población mundial... Es lo que tiene.

Llego al colegio y saco de la bolsa la radio de un Ford Fiesta que nos pedían los matones de turno para que dejasen en paz a ésta chica un par de cursos menor. No soy partidario de negociar con ésta clase de chusma, pero si con ese pequeño sacrificio voy a conseguir que dejen el bullying y no arruinen una vida más, todo es poco. Camino a lo largo del pasillo, pasando las clases que se han convertido en mini-discotecas tomadas por los alumnos y se la entrego. Tal y como pedía.

Me dirijo a una de las salas a tomarme algo con los compañeros que me quedan, pero algo pasa dentro de la sala. Hay disturbios y empiezan a colapsarse las salidas. Fuck. Infección propagándose a pasos agigantados dentro de cinco metros cuadrados, y todo el mundo se alborota en lugar de seguir el protocolo que nos evitaría un marrón. Hay que salir corriendo de ese sitio sea como sea para no acabar en una fosa común.

En la ciudad aún quedan dos chamanes que pueden parar la epidemia y los que la habían propagado, pero hay que encontrarlos, porque estaban siendo perseguidos 24/7. Antes de darme cuenta, la sala entera había sido contagiada y estaban dando caza a los que aún no habían sido infectados. Pues nada. Lo poco que quedaba de la ciudad, arrasado por completo. Al menos para mí, pues abandoné la escena sin mirar atrás. Casi que prefiero tener la oportunidad de parar todo esto salvando mi culo antes que recopilando a los cuatro gatos que quedarían después de la última catástrofe.

Escapo de esa escena como puedo, y empiezo a buscar a los chamanes. Casualidad, aparezco en el refugio donde me contaron años atrás que solían usar bajo una situación de emergencia, y uno de ellos está moribundo por una herida de bala cerca del corazón. Posa sobre mis hombros la esperanza que su vida representaba, y nos abandona en vida. Ahora tenemos que buscar otra ciudad a lo largo de todo el país que esté salvada del genocidio más amenazante de la historia para idear de nuevo el plan de regeneración.

Vosotros me diréis qué hago con un rastafari a cuestas en moto hasta Toledo. Shoutout to my subconsciente por hacerme vivir ésta clase de mierda y to my fuckup mental por no dejarme escribirla a tiempo ni con mejores detalles.