¿Te he contado aquella vez que me colé en una base militar semi abandonada?
En mi ciudad, San Fernando, hay unos polvorines abandonados. Los polvorines, para el que no lo sepa, son almacenes de armas. Junto a ellos también había búnkeres, y otros edificios bajos. Todos tienen techos de tierra inclinados hacia el mar, teniendo la entrada por el lado contrario. De esa forma el enemigo sólo veía tierra, y no disparaba directamente a los polvorines.
El lugar está en una zona muy elevada, teniendo como límite un acantilado que da no al mar, sino a una playa estrecha, y luego ya al mar. No es un acantilado del que puedas saltar, pues no hay profundidad suficiente hasta entrados los 50-100 metros en el mar. Es un lugar extraño. Hoy he ido al lugar, de lejos, y le he hecho una foto, pero por algún motivo extraño, no tengo la foto en mi móvil ahora, así que no la pongo. Quizás más adelante actualice esto y le ponga la foto con un buen anagrama de "Metal Gear Solid" o algo.
He ido muchas veces a lo largo de mi preadolescencia. Está abandonado, pero a veces hay guardias, vagabundos, o incluso otros niños haciendo gamberradas. Pero joder. Ese día, el que os voy a contar, el sitio desde luego no estaba abandonado.
Todo empezó cuando vino a verme un amigo de tierras lejanas, al que llamaremos Frodo. Frodo era un chaval acostumbrado a la vida sencilla, a estudiar, aprobar, salir a tomar helados y volver a casa temprano. Pero yo no era un chaval de esos. Wild card, motherfucker. Así que le hice un tour por mis lugares favoritos. Alicates en mochila, agua y otros... objetos. Fuimos a una azotea fácil de abrir en la que se veia todo San Fernando. Le llevé a una torre de telecomunicaciones con el panel fácil de abrir, fue gracioso enseñarle cómo se iba la cobertura de su compañía y no de la mía. Fuck off Movistar. Y por supuesto, le llevé a los polvorines.
Fue tras hacer carreras de carritos de la compra llenos de bloques de hormigón (tenéis que hacerlo al menos una vez es tremendo). Pensaba que iba a estar tan abandonado como siempre, así que se me ocurrió meterme en el lugar con él. Le di unos consejos básicos (el lugar podría ser peligroso debido a cristales rotos, zonas que se pueden derrumbar por búnkeres subterráneos, perros, ratas, vagabundos, etc) y algunas advertencias varias. Y que siempre me hiciera caso aunque parezca descabellado. No hay porno gay. Lo siento. Bueno, al grano.
Nos metimos de lleno en la ciudad de búnkeres. Tiramos algunas puertas abajo a patadas (como bien hice con cierto amigo holandés tiempo atrás), escalamos algunos muros, descendimos por algunos pasillos y búnkeres, y nos quedamos un rato sentados en lo que eran cocinas de un cuartel. Comiendo y charlando, haciendo el tonto. Siendo unos críos. Y aquí la cosa se puso seria.
En mi ciudad, San Fernando, hay unos polvorines abandonados. Los polvorines, para el que no lo sepa, son almacenes de armas. Junto a ellos también había búnkeres, y otros edificios bajos. Todos tienen techos de tierra inclinados hacia el mar, teniendo la entrada por el lado contrario. De esa forma el enemigo sólo veía tierra, y no disparaba directamente a los polvorines.
El lugar está en una zona muy elevada, teniendo como límite un acantilado que da no al mar, sino a una playa estrecha, y luego ya al mar. No es un acantilado del que puedas saltar, pues no hay profundidad suficiente hasta entrados los 50-100 metros en el mar. Es un lugar extraño. Hoy he ido al lugar, de lejos, y le he hecho una foto, pero por algún motivo extraño, no tengo la foto en mi móvil ahora, así que no la pongo. Quizás más adelante actualice esto y le ponga la foto con un buen anagrama de "Metal Gear Solid" o algo.
He ido muchas veces a lo largo de mi preadolescencia. Está abandonado, pero a veces hay guardias, vagabundos, o incluso otros niños haciendo gamberradas. Pero joder. Ese día, el que os voy a contar, el sitio desde luego no estaba abandonado.
Todo empezó cuando vino a verme un amigo de tierras lejanas, al que llamaremos Frodo. Frodo era un chaval acostumbrado a la vida sencilla, a estudiar, aprobar, salir a tomar helados y volver a casa temprano. Pero yo no era un chaval de esos. Wild card, motherfucker. Así que le hice un tour por mis lugares favoritos. Alicates en mochila, agua y otros... objetos. Fuimos a una azotea fácil de abrir en la que se veia todo San Fernando. Le llevé a una torre de telecomunicaciones con el panel fácil de abrir, fue gracioso enseñarle cómo se iba la cobertura de su compañía y no de la mía. Fuck off Movistar. Y por supuesto, le llevé a los polvorines.
Fue tras hacer carreras de carritos de la compra llenos de bloques de hormigón (tenéis que hacerlo al menos una vez es tremendo). Pensaba que iba a estar tan abandonado como siempre, así que se me ocurrió meterme en el lugar con él. Le di unos consejos básicos (el lugar podría ser peligroso debido a cristales rotos, zonas que se pueden derrumbar por búnkeres subterráneos, perros, ratas, vagabundos, etc) y algunas advertencias varias. Y que siempre me hiciera caso aunque parezca descabellado. No hay porno gay. Lo siento. Bueno, al grano.
Nos metimos de lleno en la ciudad de búnkeres. Tiramos algunas puertas abajo a patadas (como bien hice con cierto amigo holandés tiempo atrás), escalamos algunos muros, descendimos por algunos pasillos y búnkeres, y nos quedamos un rato sentados en lo que eran cocinas de un cuartel. Comiendo y charlando, haciendo el tonto. Siendo unos críos. Y aquí la cosa se puso seria.
Escuchamos un disparo. O eso nos pareció, al menos. Evidentemente, nos asustamos muchísimo. Él me miró a mí, como si yo fuese el que lo sabe todo, el puto Dios del lugar. Pero qué cojones. Estaba tan acojonado como él, quizás más. Le dije que se agachara, y me siguiera. Las cocinas conectaban con otros dos edificios más pequeños. Uno era un cuarto de baño con múltiples retretes, y tenía una ventanita superior por la que se podía mirar.
Lo que vi me puso aún más de los nervios. Un hombre vestido de militar con un rifle en las manos, apuntando a lo lejos, y buscando algo, o alguien. Al fondo, otros dos hombres corriendo entre los otros edificios. Joder. Nos habíamos metido en un lío.
Tengo que explicar esto. Éramos adolescentes. Un adolescente se tiene a uno mismo como el centro del universo. Si algo sucede, es su culpa, o gracias a él. O lo que sea, pero tiene que ver. Por lo tanto, si yo me cuelo en una base militar "abandonada", oigo un tiro y veo militares buscando a alguien, pues me creo que me buscan a mí, el señor centro del universo, sobre lo que todo gira.
Al ver el panorama, me propuse montarme un Metal Gear Solid. Le dije a mi amigo que me siguiera e hiciera exactamente lo mismo que yo, pero justo detrás. Fui por un agujero en la pared que había en otra habitación, agachado por debajo de unos matojos. Luego, apoyado en una pared, miré si había guardias o no, y corrí hacia otra pared cercana, más o menos agachado. Tras eso, fui lentamente tras un muro, porque había oído un ruído cerca, y probablemente era un guardia (ahora que lo pienso, quizás fuese lo que los guardias buscaban).
Bueno, en resumen, estuve como 3 minutos dando vueltas por el lugar hasta llegar al sitio al que yo quería llegar. Esos tres minutos fueron terriblemente eternos. Pero llegué. Volviendo a la descripción de la zona, tenía dos accesos. Uno era desde un polígono industrial, una carretera y una zona de la valla rota. El otro, desde un cuartel cercano. Ya está. El resto es caída infinita a la muerte, o muros gigantes.
Llegué a la caída infinita a la muerte, justo detrás del que creo que era el polvorín más grande del emplazamiento. Había entrado antes. Desde fuera es gigantesco, y desde dentro, mucho menos. Las paredes tenían que ser enormes. Y las puertas pesaban muchísimo y costaba abrirlas. Bueno, resulta que se me ocurrió la idea de bajar por el acantilado. Escalando, pero hacia abajo. Desescalando. Inescalando. Suicidándonos, basicamente.
De un modo u otro, llegamos abajo sin problemas. En serio, ni una caída, ni un momento de "uy, me resbalo", ni nada dramático. Bajamos sin problemas. El miedo, supongo. La playa daba a dos direcciones (aparte del mar y la pared, claro). Una era el propio polígono, y la otra, el acantilado pero con más agua, los cuarteles con los que conectan los polvorines, y finalmente un club nautico y una playa llena de mierda y basura.
Sorpresa. Había marea llena, y un temporal en alta mar. Mientras que aquí estaba soleado, se ve que en el océano no. ¿Y eso qué significaba? Fuerte oleaje. Sí. Fuerte oleaje sobre dos chavales escalando lateralmente por unos acantilados, con rocas afiladas abajo, y olas golpeándoles las espaldas. Joder no sé cómo escribir esto de forma más peliculera, pero es que me cago en todo, fue así de brutal. Sólo que estábamos cagados de miedo porque empezó a sonar una sirena a lo lejos. Una de "fin del mundo".
Tras probablemente 10, 15 minutos, llegamos al club nautico, empapados. No había nadie por ahí. Sólo barquitos y nosotros. La playa de mierda, y una barriada muy chunga por delante. Decidí que era hora de parar de huir y esconderse un poco. Pero esconderse al sol, qué coño. Así que busqué un parque recóndito que hay por esa barriada y nos quedamos los dos sentados en un banco mirando al sol. Sin hablar. No sé cuánto tiempo pasó, pero el sol dejó de darnos, así que decidí que era hora de marchar a casa.
De camino a casa, ya se nos pasó el miedo, y fue cuando entró la euforia, y la "HOSTIAHOSTIAHOSTIA" que teníamos acumulada. Empezamos a comentar lo que habíamos hecho como si no hubiéramos estado ahí. Empezamos a flipar muchísimo porque todo lo que había pasado era bastante increíble. Imposible. Llegamos a casa contentos y llenos de mierda. Pero nosotros estábamos felices por lo que habíamos hecho.
Ahora que lo estoy recordando, todo tiene bastante más sentido. Quiero decir, quizás sólo eran prácticas de tiro. Quizás explotó algo por ahí, o un vagabundo le tiró una piedra a alguien. Quizás el acantilado no fuese tan complicado de escalar. Quizás el oleaje no fuese tan fuerte, aunque nos mojase la espalda. Quizás no fuese tan complicado, y quizás no deberíamos habernos metido allí. Pero qué hostia. Best day ever. Uno de los mejores, mejor dicho.