27/10/16

El Balcón

¿He contado alguna vez el extraño sueño que tuve en una casa antigua?

Llegué mi habitación. Era cuadrada, creo que era tan alta como ancha, y tan ancha como profunda. Parecía un cuadrado perfecto, pero las esquinas estaban decoradas con pilares blancos, que contrastaban con las amarillentas paredes. No era un amarillo de suciedad, sino más bien agradable. 

En una esquina de la habitación estaba la litera. Una litera alta de cojones, y mi sitio, como no, estaba arriba. Junto a esa litera, estaba la ventana. La ventana era gigantesca, así que la llamaré ventanal, o ventanote. Mejor ventanote. No me lo subrayes en rojo que está bien escrito, gilipollas. El ventanote tenía unas cortinas semitransparentes. No veía nada más allá, pero entraba bastante luz.

Era tarde (joder, era de día) así que me fui a dormir, porque tenía mucho sueño. De pronto, me despertó un ruído. La puerta por la que había entrado estaba cerrada, cuando yo la había dejado abierta. Imagino que el viento ha provocado un portazo. Mierda, no hacía viento. Me dispongo a echar un vistazo abajo, y veo un trozo de algo junto a la puerta. Así que bajo de la litera y voy a ver qué es.

Parecía un trozo de pared. Tal cual. Abro la puerta, porque me gusta así, y continúo investigando. Miro y hay un rastro de polvo amarillento y blanco que viene del ventanote. Me acerco al ventanote y veo que falta un trozo de pared ahí, justo el que hay cerca de la puerta. Algo lo ha arrancado y lo ha lanzado hasta la otra pared. Vaya locurón. Me la pela. Me voy a dormir otra vez.

Vuelve a suceder, pero esta vez hay menos luz. Miro, y hay otro trozo de pared junto a la puerta, nuevamente cerrada, y falta otro trozo junto a la ventana, que esta vez está abierta, y no cerrada. Me cabreo y bajo a volver a abrir la puerta, y luego me giro para ir a cerrar la ventana. Cuando cierro la ventana, se abre la puerta. Voy a volver a abrir la puerta, y al cerrarla, se abre la ventana. Me cago en todo lo que se menea. Cojo los dos trozos de pared y los coloco donde estaban, en la ventana. Al colocar el segundo, se oye un portazo. Otra vez, cojones ya.

Cabreado, lanzo los trozos de pared a la puerta. Cabreado no, muy cabreado. Cuando me fijo bien, resulta que mi litera ha desaparecido. El cabreo desaparece para dejar que entre el miedo. Me pongo a dar vueltas por la habitación, pensando qué hacer, buscando algo invisible. Voy a salir de la habitación, pero esta vez la puerta no abre. Voy a salir por la ventana, y ésta sí se abre. Resulta que hay una terracita, salgo por ahí, enredándome en las cortinas. Tiro de ellas, y se caen. Caen sobre algo. Algo que no está. Una silueta de un niño. La puta de oros. Vuelvo a cabrearme.

Agarro al niño con fuerza, lo meto dentro, y le amenazo con reventarle el puto cuello. Me amenaza él, diciéndome que me matará si le hago daño. Que es muy fácil para él matarme. Le amenazo nuevamente, diciéndole que si le gustaría la idea de que alguien como yo muriera, y apareciera en su feliz mundo de fantasmas para hacerle la vida imposible y matarlo una y otra vez hasta la eternidad.

En ese momento, la silueta desaparece. Voy dentro, y la litera vuelve a estar en su sitio. Los trozos de pared colocados, y la puerta abierta. Subo a mi litera, doy un suspiro, y me pongo a sobar de nuevo. 

No, no hay fotos. Hala, buenas noches.