17/10/16

Los Alpes

¿Os conté la vez que me partieron un bloque de hielo en la nuca?

Estaba en 2º de la ESO, ay la (pre)adolescencia (?). Lindos tiempos. Más concretamente mediados de diciembre. Ya habían aparecido las primeras precipitaciones no-líquidas. No era nieve. Ice, Ice, baby. Aquí cae granizo cuando no cae el diluvio con furia inducida de Sabino Arana. Si acaso descansa, ya cae nieve, pero quizás una vez cada tres años, con suerte. El populacho vasco es conocido como rudo y vasto no sólo por escupir encima de todo atisbo de tecnología a la hora de cortar troncos, mover piedras y demás labores rurales, sino también por curtirse para llegar a ese punto con peleas de bolas de hielo cuando es época. Los parajes nevados se los dejamos a la Amérika Imperialista. Ese chaval denominado "cabrón" de tu barrio que metía piedras dentro de las bolas de nieve en invierno aquí no duraría media oleada intentando defender sus ovejas.

Canal data boozes

Nuestro profesor (o a lo que nosotros llamábamos profesor) nos sacó al patio del colegio para dibujar el paisaje que nos diese la real gana, aprovechando el "buen" tiempo que hacía. El granizo dio tregua y salió un día con un resolecillo agradable a la vista (porque no calentaba ni queriendo) y seco, lo cual está de lujo para la época. Aún así, quedaban vestigios del hielo más profundo dentro de los montañotes que se formaban después de la granizada páter. Acumulaciones sólidas y prácticamente indivisibles para usarlo contra alguien. Creedme, ya lo intentamos.

Nos repartimos a lo largo de todo el patio, con diferentes alturas. Yo elegí la más baja, porque era desde donde mejor se veía la idea de dibujo que tenía en mente hacer. Equipados con nuestra tabla del Leroy Merlin específicamente traída para apoyar la hoja donde fuésemos a dibujar lo que fuere, cogimos sitio y nos pusimos manos a la obra. Yo decidí hacer el clásico paisaje con árboles de mierda que se veía a través de la verja. Otra decisión de mierda. Encabronarme con cómo quedaban las ramas pudiendo inventármelas (evidentemente el paco que nos daba dibujo no iba a verificar que fuese real o no) no hacía de mi historial de decisiones algo menos vergonzoso. Desde luego se rompía uno la cabeza para dibujar la basura de paisaje, pero en un patio sin niños gritando y algo alejado del resto de la clase, se podía canalizar la ira tranquilamente. 

Antes de darnos cuenta siquiera, la clase estaba a punto de acabar y el profesor nos dijo que fuésemos recogiendo todo. Bueno, no lo había terminado pero estaba quedando mejor de lo que creía. Ya lo terminaría en otro momento (jokes on me, esa actitud fue la que me llevó a suspender dibujo hasta tener que recuperarla a final de curso). Me levanté, me recliné sobre el bordillo de la verja frente a la que estaba dibujando escribí la mitad de mi nombre en el reverso del dibujo y perdí la vista tras un fostiazo en el cuello, parte de la cabeza y parte de la espalda incluídas.

A ver a ver a ver. Pero esto qué es. Me recompuse como pude y aún sin saber muy bien qué pasó, miré hacia arriba, que fue de donde me cayó la furia divina. Y vi una compañera de clase asomándose desde la altura superior del patio preguntándome si estoy bien y si me ha hecho daño. Reza por que se me pase el enfado antes que el mareo, porque como sea al contrario te entierro viva, so cabrona. Me había tirado una de las micro-montañas de hielo que quedan sin derretirse en las esquinas. Desde una altura de unos 4 metros. Para que me caiga justo detrás de la cabeza. Haceos a la idea de que aquel casquete polar en miniatura pesaría unos 2-3kg. No era tan compacto, pero os aseguro que tenía consistencia. El hostión me lo llevé. Y bien llevado. Haced vosotros el cálculo.

Our axes comrade

Estuve la hora siguiente entera con el dolor de cabeza constante, recostado sobre el pupitre mientras la jamba en cuestión se disculpaba y me decía que fue sin querer. ¿A quién coño se le ocurre no pensar nada más de medio segundo antes de tirarme una considerable masa de hielo sobre la puta cabeza? Dios. Menos mal que con la excusa me pasé por el forrísimo la clase de lengua. Mirándolo por el lado bueno. Porque aún había adonde mirar.

No hubo sangre, pero puede que hubiese debido haberla. Pero no mía. Bitch.