¿Os he contado cuando fui a investigar una biblioteca?
Estaba en un pasillo, rodeado de estanterías de libros.
No llevaba nada de luz, y en la biblioteca sólo había una tenue luz azulada.
Los pasillos se hacían estrechos. Era prácticamente un laberinto. Me había
perdido, eso estaba claro.
Entonces vi una pared con un brillo púrpura proviniendo
de otra habitación. Fui hacía allí para ver qué era lo que lo proyectaba. Era
una vela, una vela que estaba sobre una mesa, junto a un extraño mapa grabado
en una tablilla de piedra. Lo miré, y parecía que era el mapa de la zona.
Encontré dónde estaba yo, me ubiqué, y me propuse a salir de allí. Bastante
había pasado ya.
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| Pry isobar yolk |
Fui por un pasillo tan estrecho que tenía que ir de lado,
pero la salida era por ahí, según la tablilla. Entonces oí un ruido tras de mí.
Era una armadura, al parecer sin nadie dentro. Pero se movía hacia mí de forma
muy gradual. Tenía que huir de ahí, así que seguí adelante. En aquella pared
estrecha, una puerta se abrió hacia dentro, cayendo en una habitación incluso
más oscura que el pasillo en el que estaba.
Se encendió una pequeña luz, y vi un rostro de una joven
asustada. Me hizo señas para que me callara, y eso hice. Oímos los pasos del
guardia que se movía con soltura por el pasillo. Poco a poco, desaparecieron.
La joven no se presentó. No habló. Me cogió de la mano y me llevó por otra
habitación. Miré la tablilla, y no encajaba nada. Eso no existía.
Para mi asombro, conseguimos salir de ahí. Estaba nevando
fuera. Tenía mi coche aparcado en la entrada de la biblioteca, así que me
monté, ella se montó, y nos fuimos rápidamente de allí. Ella seguía sin
hablarme. Parecía asustada, tímida y a la vez avergonzada. Pero seguía
sonriéndome si la miraba. No me estaba dando cuenta, pero me estaba empezando a
encariñar bastante.
Fui al bar en el que me esperaban los demás investigadores.
Mis colegas. Empecé a hablar con ellos del tema, de que la había encontrado
ahí, y de todo lo que había pasado. Ellos empezaron a mirarla. Ella se sonrojó
y me miró a mí. Les dije que era muda, por decir algo. Coño. A lo mejor era
muda de verdad, o a lo mejor no entendía nuestro idioma. Mierda, debería
haberles dicho que no entendía nuestro idioma. El shh que hizo sonó. ¿Suenan aunque seas mudo?
Finalmente decidimos irnos. Yo me llevé a la misteriosa
joven a mi apartamento, a pesar de que me dijeran que era una mala idea. Lo
hice porque le pregunté a ella si quería venir. Asintió, así que la llevé y ya
está. Una vez ahí, le dejé que durmiese en mi cama, mientras yo dormía en el
sofá. Se duchó, se puso ropa mía, y se fue a dormir. Parecía saber cómo usar
todas las cosas. Confirmado: No es extraterrestre.
Al día siguiente me levanté mucho después que ella. Eso
parecía, porque tenía otra vez su ropa de antes, y porque había hecho de
desayunar. Ni me acuerdo ya de lo que desayunamos, pero recuerdo que no estaba
nada mal. Ella seguía risueña conmigo, incluso se acercaba mucho a veces. Lejos
de incomodarme, me gustaba bastante que lo hiciera. No debería, porque es una
desconocida, y quizás sea peligrosa. Joder, podría hasta ser una extraterrestre
al final.
Ese día estuvimos dando vueltas por la ciudad. Estuve
investigándola, a ver si reconocía cosas. Le hacía preguntas. Pero no hablaba.
Asentía, negaba, reía, se abrazaba. Nada más. Decidí llevarla al lugar de donde
había venido. Ahí tenía que haber algo más.
Estábamos en los alrededores de la biblioteca, de noche.
Esta vez no estaba solo, estaba con mi equipo de investigación, con la joven, y
con bastantes toneladas de nieve por todas partes. Montamos un pequeño
campamento, con una hoguera, algunas cámaras y demás. Estuvimos contando
chistes y haciendo el tonto. Ella reía los chistes de los demás, tenía que
entenderlos porque de los malos no se reía, sino que me miraba con tono burlón.
Poco después, ella me cogió de la mano, y me llevó a una
zona más alejada. Pensaba que iba a hablar, finalmente. Pero en vez de eso, me
besó. Joder. Estaba peor aún que antes. Pero iba a estar mucho peor en un
minuto.
Seguimos de la mano. Ella me llevó a una zona más
extraña. Subimos una especie de cuesta nevada, y nos metimos en una especie de
cueva helada. Tenía estalactitas. La luz de la luna se reflejaba en el hielo y
en las estalactitas, formando una armonía que me cuesta mucho describir. Era
precioso, pero no pude evitar mirarla a ella en vez de a ese espectáculo de
luces.
Y entonces es cuando las cosas se pusieron chungas. Un
puñetero tigre blanco gigante apareció de dentro de la cueva. Dio un salto
hacia mí, aterrizando justo delante de mí. Me cagué en los pantalones justo
cuando el suelo se abrió, haciendo que el tigre se cayese en un agujero bajo la
cueva. Yo casi me caigo, pero me agarré a un borde. A duras penas, pude subir.
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| A placentae canons |
Al subir, vi en un extremo de la cueva, una zona de la
biblioteca que no había visto. Estaba iluminada, pero no púrpura ni azul, sino
amarillo. Era más acogedora, más calentita. Más warm. Ella estaba con otras dos personas. Parecían sus padres. Me
sonrió, y se fue con ellos. Alejándose de mí cada vez más. Desaparecieron
mientras se alejaban, y la biblioteca se tornó oscura, azul y púrpura, justo
como era cuando estuve la noche anterior.
Volví al campamento derrotado. Desolado. Por una parte me
alegraba de que haya encontrado a sus padres. Pero por otra, joder. Qué
cojones. Vaya mierda todo, hostia puta de oros.

