10/10/16

El Reclamo

¿Alguna vez os he hablado sobre la palabra del señor guerrilla contra la megalomanía de mis profesoras del colegio?

Una de las mayores espinas que jamás he conseguido sacarme, mis profesoras de primaria. Antes de nada y a modo de disclaimer, digo profesoras porque sólo tuve tres profesores hombres (uno de ellos gilipollas perdido) a lo largo de toda mi enseñanza primaria, frente a las más de diez profesoras incompetentes que pasaron por mi clase y dejaron una estela de indignación y descontento.
Eran el modelo perfecto sobre cómo un adulto es tanto o incluso más peligroso que un niño intentando dar un puñetazo sobre la mesa por sentar cátedra sobre algo de lo que no está ni medio seguro. Jugaban a ser dioses con futuras personas hechas y derechas, y en definitiva, resumiendo toda la historia, así va España. Ellas castigaban y juzgaban, ellas disculpaban y perdonaban, incluso a sí mismas. El doble rasero, los abusos, los prejuicios y que la jornada laboral terminase apaciblemente primase sobre nuestra educación estaban a la orden del día, y "gracias" a eso mismo, crecimos con cierta astucia que nos permitiría incluso jugar esa carta a nuestro favor. La quemadura que te acabas de hacer no te ha enseñado nada que no sepas ya, pero por lo menos el callo que te saldrá será más duro que la propia piel intacta que tenías. Por equipararlo a algo.

Estaba en clase de tecnología, mientras nuestro profesor trataba de explicarnos algo proyectándolo en la cutre-pizarra de la clase. Como todo lo que nos rodeaba, el mando del proyector también era cutre. Y mejor no hablemos de las pilas. Porque se agotaron y el susodicho me mandó a por más a la clase de al lado. Dispuesto a ayudar, me levanto y me doy la vuelta, pero no hay puerta. En su lugar, hay un habitáculo hecho de madera encajado en la pared de la clase, que en su lado opuesto tenía una salida hacia la clase contigua. Me quedé extrañado, pero vale, supongo. A mi qué coño me importa. Acostumbrado a ver la cara más rata del colegio, aquel invento digno de un bricomaniaco de primer año no destacaba por su denigrancia. Estábamos curados de espanto. De espantísimo.

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El profesor me indicó que tenía que atravesar la puerta, entrar en el habitáculo, y salir por el otro lado para llegar a la clase a la que tenía que ir. Mi falta de recursos para orientarme en un entorno que no conozco es digna de mención, pero no esperéis algo relacionado, no soy lo bastante estúpido como para perderme en un metro cuadrado de madera. O si. Pero en este caso no.

Atravesé la puerta y todo normal. Es madera, qué cojones iba a esperar encontrarme. Me deslicé de una manera muy funky hacia la siguiente puerta, y la abrí con cuidado con intención de no molestar o interferir en la clase que estuviesen dando. Oops. La puerta se ha abierto más de la cuenta. What the fuck. Una de las bisagras se había descolgado, pero ojo, todo esto sin darse cuenta nadie más que yo. Y la profesora, que había clavado su mirada en mí desde que crucé la puerta e hice el gesto de "entro un momentito a coger algo de ahí, no molesto, sigue dando clase". Y aunque no le haya influido en absoluto mi presencia y no hiciese ni pizca de ruido (tan sigiloso que la profesora fue la única en darse cuenta), pareció indignarse. Entonces empezó el numerito.

"¿¡PERO BUENO AQUÍ QUE COÑO PASA!?" exclamó mientras me las ingeniaba para encajar la cutrepuerta en el cutremarco otra vez. Madre mía. No podía salirse del prototipo, no. Tenía que ir acorde con el cutrismo latente del centro. Toda la clase concentró una mirada pudorosa general hacia mí intentando escurrirme en la clase mientras hacia malabares para volver a hacer de ese invento minimalista y, cómo no, cutre, una puerta funcional. A la vez que la profesora se indignaba más y más. "Es que así no puede darse una clase, es que yo no aguanto más, ala, pues por la gracia paso de dar clase hasta que no se arregle todo esto."

?????? ¿Arreglarse el qué? Acabo de colocar perfectamente la puerta que ni siquiera había roto yo, y sin interrumpir tu lección de ningún modo: ¿acabas de usar ésto para dejar de dar clase porque simple y llanamente no te apetece seguir? ¿pretendes rascar estos 15 minutos de tu horario lectivo para alargar tu descanso un poco más?

Frente a la impotencia del momento y todas las miradas centradas en mí después de haber tratado de ser un alumno ejemplar (valores inculcados y recién contradichos), no supe qué hacer. Había arreglado la puerta y la mirada de la profesora me exigía unas explicaciones que no debían salir de mí. Fuck. Pero en un instante, se escuchó la puerta tras la que acababa de arreglar, y apareció mi profesor. Preguntándome dónde había estado y por qué habia tardado tanto. Genial. Le expliqué el rollo y miró a la profesora indignada muy asertivamente. "No ha pasado nada, la puerta ya está bien, ¿qué pasa?"

La profesora, tratando de mitigar esa indignación ególatra, intentó lidiar con la interrogativa de mi profesor con un "nada nada, las interrupciones por la cara". El docente se encogió de hombros, le hizo saber que carecía de sentido, cogió las pilas y se largó.

Entonces supe qué hacer. "¿Y ahora qué? Ya no tienes forma de escaquearte de tu trabajo, ¿eh? ¿Y las disculpas? Porque te has equivocado y has quedado en evidencia, ¿o tengo que recordárselo a tus pobres alumnos que llevan un cuarto de hora menos de clase por tus sandeces? Reconócelo, te ha salido el tiro por la culata y no te lo vamos a permitir más, que te quede claro. Y que te aproveche el café que estás pensando beberte en lugar de hacer tu trabajo de forma honrada. Nos vemos.", y acto seguido me volví a clase habiendo reclamado mi orgullo y puesto en su sitio a esa sinvergüenza.

No sólo me quedo con la satisfacción de haberle callado la boca a la que se creyó más que nadie por tener un puesto más alto en una jerarquía temporal e insignificante a efectos reales, sino por contagiar un punto de vista distinto en esos chavalillos menores enajenados por el papel paternal y sobreprotector que representan una zorra o un gilipollas amargados como profesores, además de haber plantado la semilla de un pensamiento crítico en cada uno de los que vieron con sus propios ojos lo que pasó.

You got me fucked up.