31/10/16

Hachi-Roku

¿Os conté como fue mi examen de conducir?

El permiso B, chaval. Uno de los retos que más ruido ha montado detrás de mi oreja para no dejarme dormir éstos últimos 2 años y medio por fin amenazaba con desaparecer de mi horizonte nublado de procrastinación aguda para pasar a una mejor vida y dejar de ocupar cerca de un cuarto del total de mi campo de visión congestionado con tareas de mierda. Aprobé el examen teórico antes de verano, por fin me veía preparado y no quería esperar dos meses para presentarme. En ese plazo de tiempo podía olvidarme de todo lo que había "aprendido": las mecánicas que se aprenden para escoger la respuesta menos incorrecta de tres. Con los tests no aprendes las leyes o normas de la vía (que en parte sí), sino que aprendes a responder las preguntas que te hacen con las respuestas que te dan. Es un trámite raro.

shamefaced ride
Después de verano, me llamaron de la autoescuela para saber cuándo querría empezar mis clases prácticas. Dije que lo antes posible. Tengo tiempo libre. Demasiado. La recepcionista suspiró al teléfono y en un gesto de apuro me dijo que probablemente hasta dentro de mes y medio no habría un solo hueco, y aún así estaría algo difícil. Después de verano siempre hay gente que quiere empezar lo antes posible para quitárselo de encima de una vez, y eso hacía que la agenda para los profesores de la autoescuela fuese un caos total en esas fechas. Vale, supongo. Tres días después, me volvió a llamar para decirme que podía empezar el próximo lunes. De recontraputa madre, hostias, cojones. Cogí el horario que nadie más querría, o algo. Solía empezar las clases a eso de las 10 de la mañana. Así que el siguiente lunes me presenté allí.

"Jesús, encantado". Mi profesor se presentó y parecía buen tío tal y como me anticipó la recepcionista, así que todo parecía ir viento en la parte de atrás del Yatedigo. Me acomodé como pude en el asiento del Dacia Sandero que conduciría de entonces en adelante y en cuanto arranqué empezó a invadirme ese handling y esa potencia rumana que el coche transmitía. Buagh. Tuve que posar mi lindo culo sobre esa aberración low-cost demasiado tiempo mientras aprendía a conducir. Antes que gastaros cerca de 10,000€ en un coche así de mal montado y nuevo, gastaos la mitad en uno de segunda mano mejor y más cómodo. Creedme. Podéis tener marcas premium por ese precio. Incluso si lo que queréis es un coche compacto y ahorrador, buscad de segunda zarpa. Encontraréis coches mejores equipados que esa lata de aceitunas con cuatro ruedas. 

ardor age
Lo peor de todo el proceso de enseñanza es tratar con más gente. Me refiero a la panda de subnormales hijos de la grandísima puta que plagan las carreteras y no son capaces de ser mínimamente comprensivos con alguien aprendiendo, entre otros rangos de gente. Poniendo algunos ejemplos rápidos, el cuarto día que conduje, parado en un semáforo, sin que hubiese pasado un segundo siquiera después de haberse puesto en verde, la vieja que tenía detrás en su Mercedes Benz ya estaba pitándome para que arrancase. Y no exagero lo más mínimo en su tiempo de reacción. Reflejos de zorra, supongo. Otro día, en un carril ancho pero de sentido único, un octogenario se puso a menos de un metro de mi culo intentando colarse por cualquiera de los lados que dejase más libre. ¿Perdona? No puedes adelantarme aquí, puto carcamal. Además empecé a circular más despacio a propósito. Jódete, puto viejo. Hacía aspavientos mientras le vigilaba por el retrovisor. Anda ya. Una vez se pudo, le dejé pasar. Se puso a mi altura para mirarme y hacer gestos indignantes bajo mi atenta mirada, además de intentar darme alguna lección con mi profesor de la autoescuela sentado a mi lado.

Tras cerca de un mes aguantando ésta clase de fauna, surgió el tema del examen. Ohshitfuck. Se vienen los nervios, la prueba de fuego que tiene a tanta gente en vilo. Cuadramos la fecha y lo preparamos bien. Pastilluelas relajantes, frenadol y pa'lante. Me presenté allí con mi profesor y dos alumnos más de parte de otro tutor, que harían el examen justo antes que yo. Detrás del coche en el que iban a hacer el examen, íbamos mi profesor, el alumno restante y yo. A modo de escolta, creo que se le llama.

El primer chaval no duró ni dos minutos. Según salió, se acopló al carril izquierdo, y por los nervios, no se despegó del culo de una furgoneta, de forma que se saltó un semáforo en rojo porque ni si quiera se había fijado en él. Dios. Dolió el simple hecho de verlo. El segundo duró cerca de cinco minutos. Y era su segunda vez presentándose al examen. Debió pasársele la señal de túnel y luces que venían antes del ídem, porque no las puso hasta llegar al final, cuando ya era demasiado tarde. Le mandaron parar en el barrio más cercano, y pacasa. Después iba yo.

Os imagináis el manojo de nervios en el que me iba a convertir. Contra todo pronóstico. Iba a un ritmo caribeño por el pastilleo intenso, pero si no me ayuda a conciliar el sueño, imaginaos con el tembleque de la pierna izquierda sin fuerza (MeniscoBoys), que pesa aún más en ese tipo de situaciones. Embrague, ten piedad.

El examinador se llamaba Óscar y según mi profesor, no era el más severo. Bueno. Si la cagaba, por campechano que fuese, el suspenso me lo iba a comer igual. Me preguntó cómo se accionaba la luneta térmica, y arrancamos. Me dio 10 minutos de conducción autónoma, por libre, para largarme a donde me diese la gana en ese plazo. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue dar la vuelta y revertir el recorrido que llevaba al barrio turbio donde habíamos parado. Así que eso hice. Me conocía el camino, y no había problemas. Hasta que llegué a una incorporación en una autopista. Mi profesor siempre me decía que me faltaba una chispa para arrancar y pisar el acelerador como si quisiera que me quitasen el carnet incluso antes de sacármelo. Decía que éramos jóvenes y el examinador nos tenía que ver como tal. Así que con esa predisposición a corregir aquello en lo que fallaba, me apresuré demasiado y me incorporé a la autopista en un momento en el que debía haberme parado para tomar una decisión más sesuda y calmada.

A boa cuffs kits
"Asier, qué has hecho ahí, qué haces...", me dijo el examinador mientras empezaba a sudar hasta por los ojos. ¿Ya lo he suspendido? Me cago en dios. Iba genial. ¿Por qué ese tono tan poco fustigador? Si la he cagado ya estoy suspenso, coño. Quizás se lo esté pensando. Voy a terminar el examen y que sea lo que las voluntades de Collin McRae y Ayrton Senna quieran. Al fin y al cabo, ha sido un fallo pero tampoco he provocado ninguna clase de peligro.

Aparqué donde me dijo cinco minutos después, llegando a completar el tiempo de examen. Me disculpé con el examinador por si había llegado a causarle inseguridad habiendo tomado esa decisión algo precipitada, y me hizo saber que podía salir del coche después de inmovilizarlo. El examinador y mi profesor se quedaron hablando dentro del coche conmigo fuera lo que fueron los cinco minutos más largos de mi vida. Desde fuera se les veía discutir sobre algo (todos sabemos el qué) y poco a poco sacar algo en claro.

Una vez salió el examinador, entabló conversación conmigo. Me preguntó qué iba a hacer después, y le dije que iba a visitar a mi hermano al trabajo para contarle qué tal me había ido. También me preguntó si mi hermano era tan educado como yo, a lo que solo pude responder con una cutre-risa nerviosa a la vez que me ponía rojo perdido. Después, vinieron las palabras mágicas:

"Te voy a aprobar por educado." 


TOMA HAHAHAHAHAHAHA no podía creérmelo. Me dijo que pocos chavales de mi edad se mostraban tan "bien educados" y sociables como yo, y que le gusté. Ay si tú supieses que tengo un blog. Recalcó lo que hice mal, asumí las culpas por supuesto, y le hice saber mi intención de ser lo menos parecido a un estorbo irresponsable en la carretera. Después, mi profesor me dijo que la charla que tuvo con él había sido un trabajo de los dos (suyo y mío): le habían gustado mis formas y tuvo que convencerle más bien poco antes de darse cuenta de que me quería aprobar.

Me despedí de mi profesor no sin antes hacerle saber que le visitaría algún que otro día más, y fui a decirle a mi hermano que había triunfado. Le esperé a la salida mientras me aparcaba un pan de queso y un aquarius entre pecho y espalda, y fuimos a casa mientras le contaba la historia al detalle.

Si queréis algún tipo de moraleja, por primera vez os traigo una ciertamente válida. Si por lo menos no lo sois, aparentad ser lo que os va a sacar de un apuro. No os voy a spoilear si realmente soy educado o no. Eso es harina de otro costal.



Cobalt zen