Esta historieta me trae buenos recuerdos. Pienso en esos días con cariño. No con amor, ni lujuria. Fueron días entrañables. Me pongo Summer Girl, de Mayfield Four para ayudarme a escribir. Pero en vez de eso, me distrae. Puta mierda de cerebro procrastinador.
Cuando conozco a alguien, tiendo a ser amable, pero no me suele salir bien. No soy una persona precisamente sociable. No puedo evitarlo. No busco conocer gente nueva, nunca. Y es fácil. Conoces a alguien, no vuelves a verle, y punto. Si tienes interés, vuelves a verle, a quedar. Si no, pues no. Yo dificilmente tengo ese interés.
Sin embargo, hay otras situaciones. Por ejemplo, el colegio. Si conoces a una persona en el colegio, la vas a ver a diario. Incluso vas a hacer trabajos con esa persona. No tienes más remedio que conocerla. Gracias a eso, hoy tengo buenos amigos. A eso y a Internet. Y me da que pensar. Si le diese una oportunidad a las personas, y no fuese tan poco sociable, quizás haría muy buenos amigos.
Esta mierda que cuento tiene relación con la historia de hoy, porque me vi obligado a conocer a una chica. Y estuvo bien. Esta historia es una mariconada. El resto de relatos de este blog son paranoias y cosas raras, pero ésta es una mierda. Encima, voy a abrir mi corazón contando una anécdota que nunca he contado a una panda de personas que no tienen nada mejor que hacer que leer el blog de un vasco y un andaluz obsesionados con los anagramas y sus sueños. Lo siento. Lo siento por la historia, no por insultar. Bueno. ¡Allé voy!
¿Te he hablado alguna vez de Laura?
Era un preadolescente, a punto de empezar el verano, y acababa de pasar de absolutamente todos los amigos que poseía (excepto los de Internet). El motivo era sencillo. Empezaron a fumar y beber, y eso a mí no me iba. Me gustaba la delincuencia juvenil, pero no maltratar mi cuerpo.
Iba a ser un verano de mierda. Se mascaba la tragedia. Pero yo era feliz con el Pokémon Zafiro en mi flamante Game Boy Advance SP. Eso y el Ragnarok Online, claro. Iba a ser un verano de estar encerrado. Pero, eso no fue lo que pasó.
Una buena mañana, mi padre me despertó temprano (a las 11 por ahí), diciéndome que tenía que ayudarle con una cosa. Mi padre es electricista, y ya estaba acostumbrado a ayudarle en sus trabajos. Él decía que era un ayudante excelente, pues sus ayudantes (de donde trabajaba) eran unos torpes. Me vestí y le acompañé de mala gana. Esta vez no fuimos andandos a algún lugar de la ciudad, como de costumbre. Sino que nos recogió un hombre de su edad en una furgoneta, en nuestra calle.
El señor era amable y tal. Yo me quedé en el asiento de atrás jugando a Pokémon mientras ellos hablaban de sus cosas. Me quedé con que el tío se había construído una casa en una parcela de un campo, o algo así, y que mi padre tenía que montarle toda la instalación eléctrica. Pasé bastante de la conversación, jugar es importante.
Al fin llegamos. En efecto, era un chalet enorme y muy bonito. También había una piscina (y yo tenía bañador, heh), una barbacoa, y bastante césped verde y bien cortado. Caminos de piedra, algunos árboles frutales. Joder, el tío era rico o traficante. Yo me cogí mi consolilla y me puse a dar una vuelta para explorar, cosa que me gustaba hacer. También exploré la casa por dentro. No tenía muchos muebles. Cocina, camas en habitaciones, pero nada de muebles ni objetos. Algunas maletas y tal. Seguramente aún no se habían mudado del todo, pero ya vivían allí de vez en cuando. Mi padre me llamó y me puse a ayudarle a tomar apuntes de unas cosas, y a pasarle herramientas.
Poco después, me dijo que ya no le hacía falta, que si quería, que me fuese a la piscina. Mientras ayudaba a mi padre, estaba escuchando chapoteos, pero desde donde estaba, me era imposible verla. Decidí ir a la piscina, a ver qué se cocía por ahí. Y lo que se cocía ahí era una chica, aparentemente de mi edad. Pelo largo y ondulado, rubio con tonos oscuros en algunas zonas. Una chica delgadísima, de mi altura, con la nariz pequeña y puntiaguda, orejas redonditas con lóbulos recogidos y sin pendientes. Pestañas largas y finas, ojos marrones oscuros, labios finos, pómulos sonrojados. Joder. Mejor no sigo.
Yo de pequeño siempre le he tenido miedo, pánico a las chicas, y a toda interacción que pueda hacer con ellas (como si ahora no), así que os imaginais lo nervioso que me puse. Lo peor fue cuando se dio cuenta de que la estaba mirando embobado, y, saliendo de la piscina, se acercó a verme. Quise decirle hola, o algo, pero en vez de eso me quedé callado mirándola mientras se acercaba. Ella tampoco me dijo hola, directamente me dijo "me llamo Laura, y tú?". Le dije mi nombre, de forma entrecortada y... sorprendentemente, seguimos hablando. Al rato, me propuso meterme en la piscina con ella y jugar a cosas. Tenía bastantes mierdas. Pelotas, flotadores, etc. No sé cómo, pero estaba buceando y nadando con ella. Estaba rebosante de puta felicidad infantil. Como si me despertase en un almacén de LEGO, o en el puto mundo de Digimon.
Durante ese día, aprendí mucho de ella. Que había hecho un curso de socorrismo, que era una muy buena nadadora, tanto como para participar en carreras y mierdas por el estilo. Y que me encantaba, claro. Eso fue fácil de aprender. Por desgracia, mi padre me volvió a llamar, y tuve que seguir ayudándole. Poco después nos fuimos a casa. Mi padre me dijo que volveríamos, así que yo estaba feliz.
Esto me está quedando largo, mierda. Resumiré las siguientes semanas con que íbamos casi todos los días. Y que yo tenía ratos libres en los que me iba a la piscina con ella. Me enseñó a nadar de muchas formas, a rescatar a alguien en el agua, a bucear, a hacer piruetas y locuras varias. Podría decirse que con ella aprendí a nadar, porque lo que yo hacía antes no era precisamente nadar. No estábamos 24 horas en la piscina. A veces estábamos por la casa, ella me enseñaba cosas suyas. Libros, ropa, objetos. Me enseñaba su vida. También jugábamos con la Game Boy, le enseñaba cómo se jugaba y tal. A veces veíamos la tele, nos reíamos de las repetidísimas bromas de Los Simpsons que ambos nos sabíamos de memoria, o veíamos la programación de mierda que echaban en verano. Cualquier cosa. Su madre a veces se acercaba con merienda, y eso siempre estaba bien.
En resumen, estábamos todo el tiempo juntos. Tanto que hasta cuando ayudaba a mi padre, ella estaba ahí observando. A veces haciendo preguntas, que yo respondía con gusto, haciéndome el entendido (la verdad es que éntendía bastante más de lo normal en electricidad por mi padre, pero hacerse el entendido es algo básico en mí), y ella asentía, como si yo fuese una eminencia. Todo estaba genial. Yo pensaba a veces en decirle que fuese mi novia, pero no quería joderla. Quiero decir, que no quería dejar de verla. Porque me lo pasaba muy bien con ella, y como pasase algo raro, dejaría de verla. Y, la verdad es que me conformaba con estar con ella. Porque éramos muy happyflower juntos. Sobretodo en la piscina.
Un día, mi padre me llevó a la tarde en vez de por la mañana. Pero ya tarde. Me extrañó pero no le eché cuentas. También vi que no llevaba sus herramientas. Estarían ya allí, pensé. Cuando llegué allí estaba ya atardeciendo. Y había más gente de lo normal. Lo normal eran los padres, ella, mi padre y yo. Y había unas 20 putas personas más allí. Todas mayores. Me extrañó, pero yo estaba centrado en verla a ella, claro. Esta vez no estaba en bikini, como estaba acostumbrado a verla todos los días. Llevaba un vestido de verano (con el bikini debajo) de color naranja y blanco. El vestido era muy llamativo. Tenía formas de pétalos por los lados, y... bueno. Mejor paro también.
Al verme, me dio un abrazo y un beso, como hacía siempre. Yo nunca le devolvía el beso, sólo el abrazo. Entonces olí a comida. Estaban montando una barbacoa. Joder, genial. Comida. Ella me llevó a la piscina, se quitó el traje, y entró en el agua. Yo me quité la camiseta y la seguí. Parecía más seria de lo normal, pero no quitaba su sonrisa en ningún momento. En vez de lanzarse, bajó las escaleras y se sentó. Me senté a su lado y miré al cielo, que estaba ya anaranjado, y cada vez más oscuro. Nunca había estado hasta tan tarde en la casa. Era la primera vez que veía las luces de la piscina. Estaba preciosa con el contraste azul de la piscina y naranja del cielo.
Empezó a hablarme de lo mierda que era volver al colegio. Ahí me di cuenta que faltaba bastante poco, y que el verano estaba acabándose. No me había dado cuenta hasta entonces. Se me había pasado el verano volando. Seguí la conversación con lo mismo. La verdad es que era una mierda. Entonces, sin venir a cuento, los dos permanecimos en silencio, mirando al agua, moviendo un poco los pies. Y, sin venir a cuento, se acercó y me besó. Describiría el beso, pero me quedaría corto. Mejor no lo voy a describir, aunque me acuerde perfectamente. Sólo diré que no fue mi primer beso, pero que a día de hoy daría una pierna para eliminar de mi cabeza todos los besos que había tras ése.
No sabía cómo reaccionar. Estaba paralizado. Ella también. Sonreímos, y seguimos callados hasta que alguien nos llamó para comer. Ella se puso su precioso vestido, yo me puse mi mierda de camiseta, y nos fuimos a comer. Pasó como una hora. Estábamos comiendo, y oyendo a los mayores hablar de cosas que nos daban igual. La verdad es que la comida estaba bastante bien. Pero no era precisamente lo que quería tener en los labios en ese momento. Ella me miró, y se fue hacia la casa. Evidentemente, la seguí. Los mayores seguían a lo suyo. Estaba tumbada bocabajo en una cama, viendo la tele, con los pies en alto. Muy típico. Me tumbé a su lado de la misma forma, y vimos la tele juntos sin hablar. No pasó ni un minuto para que nos volviésemos a besar. Pero esta vez fue bastante más... intenso. Lo que pasó después lo voy a obviar. Pero salimos de ahí al cabo de una hora. Mi padre me dijo que era hora de irse a casa. Me despedí de la gente mayor que no conocía, y me fui con él y el señor.
Normalmente en los viajes no estoy atento a lo que dicen, pero me quedo con algo. En esta ocasión, no estaba nada atento. Si hubieran estado callado habría sido igual. Quizás hayan estado callados todo el tiempo, no lo sé. No puedo saberlo. Sólo pensaba en ella y en lo que acababa de pasar. No era la primera vez que me pasaba algo así con una chica, pero sí era la primera vez que era tan intenso. Probablemente era la primera vez que estuviese totalmente enamorado de alguien. Ojalá hubiera oído algo, porque seguramente me habría enterado de que no íbamos a volver nunca.
Pasaron los días y no volvimos. Yo no le di cuentas, a veces pasaban 4 o 5 días sin ir. Un buen día le pregunté si íbamos a volver. Mi padre me dijo que no, que ya había terminado la instalación. Se me partió el alma, si es que existe. Le dije que vale, y me fui a mi habitación. No me despedí de ella. Nunca lo hacía, porque siempre tenía la certeza de volverla a ver. Aunque esta vez no. Quizás era mejor así. Un amor que acaba de un día para otro. La recordé hasta mucho tiempo después. Pero el colegio y el instituto se encargaron de que me olvidase de lo maravilloso que era estar a su lado.
Me he acordado de esta historia porque hace poco, cuando empezó el verano, mi padre me dijo "hoy he visto a Laura, me ha dicho que te de recuerdos". Y me acordé de todo esto. Le dije que le mande recuerdos de mi parte si la vuelve a ver, pero no me interesó volver a verla. Quiero decir, las cosas son así. Y es mejor dejarlas así. Probablemente ni la reconozca, ni ella me reconociese a mí. Al menos yo he cambiado bastante desde esos días. Seguramente ella también. Quizás la vuelva a ver algún día. Quizás no. Da igual.
Pido disculpas de nuevo por esta mierda de historia pastelosa y de niño marginado de mierda. Mi vida no siempre es delictivamente divertida.
Iba a ser un verano de mierda. Se mascaba la tragedia. Pero yo era feliz con el Pokémon Zafiro en mi flamante Game Boy Advance SP. Eso y el Ragnarok Online, claro. Iba a ser un verano de estar encerrado. Pero, eso no fue lo que pasó.
Una buena mañana, mi padre me despertó temprano (a las 11 por ahí), diciéndome que tenía que ayudarle con una cosa. Mi padre es electricista, y ya estaba acostumbrado a ayudarle en sus trabajos. Él decía que era un ayudante excelente, pues sus ayudantes (de donde trabajaba) eran unos torpes. Me vestí y le acompañé de mala gana. Esta vez no fuimos andandos a algún lugar de la ciudad, como de costumbre. Sino que nos recogió un hombre de su edad en una furgoneta, en nuestra calle.
El señor era amable y tal. Yo me quedé en el asiento de atrás jugando a Pokémon mientras ellos hablaban de sus cosas. Me quedé con que el tío se había construído una casa en una parcela de un campo, o algo así, y que mi padre tenía que montarle toda la instalación eléctrica. Pasé bastante de la conversación, jugar es importante.
Al fin llegamos. En efecto, era un chalet enorme y muy bonito. También había una piscina (y yo tenía bañador, heh), una barbacoa, y bastante césped verde y bien cortado. Caminos de piedra, algunos árboles frutales. Joder, el tío era rico o traficante. Yo me cogí mi consolilla y me puse a dar una vuelta para explorar, cosa que me gustaba hacer. También exploré la casa por dentro. No tenía muchos muebles. Cocina, camas en habitaciones, pero nada de muebles ni objetos. Algunas maletas y tal. Seguramente aún no se habían mudado del todo, pero ya vivían allí de vez en cuando. Mi padre me llamó y me puse a ayudarle a tomar apuntes de unas cosas, y a pasarle herramientas.
Poco después, me dijo que ya no le hacía falta, que si quería, que me fuese a la piscina. Mientras ayudaba a mi padre, estaba escuchando chapoteos, pero desde donde estaba, me era imposible verla. Decidí ir a la piscina, a ver qué se cocía por ahí. Y lo que se cocía ahí era una chica, aparentemente de mi edad. Pelo largo y ondulado, rubio con tonos oscuros en algunas zonas. Una chica delgadísima, de mi altura, con la nariz pequeña y puntiaguda, orejas redonditas con lóbulos recogidos y sin pendientes. Pestañas largas y finas, ojos marrones oscuros, labios finos, pómulos sonrojados. Joder. Mejor no sigo.
Yo de pequeño siempre le he tenido miedo, pánico a las chicas, y a toda interacción que pueda hacer con ellas (como si ahora no), así que os imaginais lo nervioso que me puse. Lo peor fue cuando se dio cuenta de que la estaba mirando embobado, y, saliendo de la piscina, se acercó a verme. Quise decirle hola, o algo, pero en vez de eso me quedé callado mirándola mientras se acercaba. Ella tampoco me dijo hola, directamente me dijo "me llamo Laura, y tú?". Le dije mi nombre, de forma entrecortada y... sorprendentemente, seguimos hablando. Al rato, me propuso meterme en la piscina con ella y jugar a cosas. Tenía bastantes mierdas. Pelotas, flotadores, etc. No sé cómo, pero estaba buceando y nadando con ella. Estaba rebosante de puta felicidad infantil. Como si me despertase en un almacén de LEGO, o en el puto mundo de Digimon.
Durante ese día, aprendí mucho de ella. Que había hecho un curso de socorrismo, que era una muy buena nadadora, tanto como para participar en carreras y mierdas por el estilo. Y que me encantaba, claro. Eso fue fácil de aprender. Por desgracia, mi padre me volvió a llamar, y tuve que seguir ayudándole. Poco después nos fuimos a casa. Mi padre me dijo que volveríamos, así que yo estaba feliz.
Esto me está quedando largo, mierda. Resumiré las siguientes semanas con que íbamos casi todos los días. Y que yo tenía ratos libres en los que me iba a la piscina con ella. Me enseñó a nadar de muchas formas, a rescatar a alguien en el agua, a bucear, a hacer piruetas y locuras varias. Podría decirse que con ella aprendí a nadar, porque lo que yo hacía antes no era precisamente nadar. No estábamos 24 horas en la piscina. A veces estábamos por la casa, ella me enseñaba cosas suyas. Libros, ropa, objetos. Me enseñaba su vida. También jugábamos con la Game Boy, le enseñaba cómo se jugaba y tal. A veces veíamos la tele, nos reíamos de las repetidísimas bromas de Los Simpsons que ambos nos sabíamos de memoria, o veíamos la programación de mierda que echaban en verano. Cualquier cosa. Su madre a veces se acercaba con merienda, y eso siempre estaba bien.
En resumen, estábamos todo el tiempo juntos. Tanto que hasta cuando ayudaba a mi padre, ella estaba ahí observando. A veces haciendo preguntas, que yo respondía con gusto, haciéndome el entendido (la verdad es que éntendía bastante más de lo normal en electricidad por mi padre, pero hacerse el entendido es algo básico en mí), y ella asentía, como si yo fuese una eminencia. Todo estaba genial. Yo pensaba a veces en decirle que fuese mi novia, pero no quería joderla. Quiero decir, que no quería dejar de verla. Porque me lo pasaba muy bien con ella, y como pasase algo raro, dejaría de verla. Y, la verdad es que me conformaba con estar con ella. Porque éramos muy happyflower juntos. Sobretodo en la piscina.
Un día, mi padre me llevó a la tarde en vez de por la mañana. Pero ya tarde. Me extrañó pero no le eché cuentas. También vi que no llevaba sus herramientas. Estarían ya allí, pensé. Cuando llegué allí estaba ya atardeciendo. Y había más gente de lo normal. Lo normal eran los padres, ella, mi padre y yo. Y había unas 20 putas personas más allí. Todas mayores. Me extrañó, pero yo estaba centrado en verla a ella, claro. Esta vez no estaba en bikini, como estaba acostumbrado a verla todos los días. Llevaba un vestido de verano (con el bikini debajo) de color naranja y blanco. El vestido era muy llamativo. Tenía formas de pétalos por los lados, y... bueno. Mejor paro también.
Al verme, me dio un abrazo y un beso, como hacía siempre. Yo nunca le devolvía el beso, sólo el abrazo. Entonces olí a comida. Estaban montando una barbacoa. Joder, genial. Comida. Ella me llevó a la piscina, se quitó el traje, y entró en el agua. Yo me quité la camiseta y la seguí. Parecía más seria de lo normal, pero no quitaba su sonrisa en ningún momento. En vez de lanzarse, bajó las escaleras y se sentó. Me senté a su lado y miré al cielo, que estaba ya anaranjado, y cada vez más oscuro. Nunca había estado hasta tan tarde en la casa. Era la primera vez que veía las luces de la piscina. Estaba preciosa con el contraste azul de la piscina y naranja del cielo.
Empezó a hablarme de lo mierda que era volver al colegio. Ahí me di cuenta que faltaba bastante poco, y que el verano estaba acabándose. No me había dado cuenta hasta entonces. Se me había pasado el verano volando. Seguí la conversación con lo mismo. La verdad es que era una mierda. Entonces, sin venir a cuento, los dos permanecimos en silencio, mirando al agua, moviendo un poco los pies. Y, sin venir a cuento, se acercó y me besó. Describiría el beso, pero me quedaría corto. Mejor no lo voy a describir, aunque me acuerde perfectamente. Sólo diré que no fue mi primer beso, pero que a día de hoy daría una pierna para eliminar de mi cabeza todos los besos que había tras ése.
No sabía cómo reaccionar. Estaba paralizado. Ella también. Sonreímos, y seguimos callados hasta que alguien nos llamó para comer. Ella se puso su precioso vestido, yo me puse mi mierda de camiseta, y nos fuimos a comer. Pasó como una hora. Estábamos comiendo, y oyendo a los mayores hablar de cosas que nos daban igual. La verdad es que la comida estaba bastante bien. Pero no era precisamente lo que quería tener en los labios en ese momento. Ella me miró, y se fue hacia la casa. Evidentemente, la seguí. Los mayores seguían a lo suyo. Estaba tumbada bocabajo en una cama, viendo la tele, con los pies en alto. Muy típico. Me tumbé a su lado de la misma forma, y vimos la tele juntos sin hablar. No pasó ni un minuto para que nos volviésemos a besar. Pero esta vez fue bastante más... intenso. Lo que pasó después lo voy a obviar. Pero salimos de ahí al cabo de una hora. Mi padre me dijo que era hora de irse a casa. Me despedí de la gente mayor que no conocía, y me fui con él y el señor.
Normalmente en los viajes no estoy atento a lo que dicen, pero me quedo con algo. En esta ocasión, no estaba nada atento. Si hubieran estado callado habría sido igual. Quizás hayan estado callados todo el tiempo, no lo sé. No puedo saberlo. Sólo pensaba en ella y en lo que acababa de pasar. No era la primera vez que me pasaba algo así con una chica, pero sí era la primera vez que era tan intenso. Probablemente era la primera vez que estuviese totalmente enamorado de alguien. Ojalá hubiera oído algo, porque seguramente me habría enterado de que no íbamos a volver nunca.
Pasaron los días y no volvimos. Yo no le di cuentas, a veces pasaban 4 o 5 días sin ir. Un buen día le pregunté si íbamos a volver. Mi padre me dijo que no, que ya había terminado la instalación. Se me partió el alma, si es que existe. Le dije que vale, y me fui a mi habitación. No me despedí de ella. Nunca lo hacía, porque siempre tenía la certeza de volverla a ver. Aunque esta vez no. Quizás era mejor así. Un amor que acaba de un día para otro. La recordé hasta mucho tiempo después. Pero el colegio y el instituto se encargaron de que me olvidase de lo maravilloso que era estar a su lado.
Me he acordado de esta historia porque hace poco, cuando empezó el verano, mi padre me dijo "hoy he visto a Laura, me ha dicho que te de recuerdos". Y me acordé de todo esto. Le dije que le mande recuerdos de mi parte si la vuelve a ver, pero no me interesó volver a verla. Quiero decir, las cosas son así. Y es mejor dejarlas así. Probablemente ni la reconozca, ni ella me reconociese a mí. Al menos yo he cambiado bastante desde esos días. Seguramente ella también. Quizás la vuelva a ver algún día. Quizás no. Da igual.
Pido disculpas de nuevo por esta mierda de historia pastelosa y de niño marginado de mierda. Mi vida no siempre es delictivamente divertida.
