¿Os acordáis de cuando mi ascensor me la jugó tras haberme operado de la rodilla (me operó un cirujano, no el ascensor)? Pues he aquí una precuela.
Como anticipé en una historieta anterior, los dos ascensores de mi edificio son negligentes hasta decir basta. Innumerables son las veces que hemos llegado tarde a clase o al trabajo por culpa de su independencia (trabajan como dos ascensores individuales, cada uno con sus órdenes, en lugar de un sistema de dos ascensores. En otras palabras, si pulsas el botón de cada uno, van los dos al piso desde el que llamas, en vez de ir uno solo para dejar el restante a disposición de otr@ vecin@). Pues por si no tuviese suficiente con los ascensores demigrantes, ésta vez se entromete otro personaje en la historia.
Finales de julio de hará ya unos 5 años, 8:47 de la mañana (no sé quién me creo para poner horas tan exactas siempre) después de dos generosas horas de sueño (plantando las semillas de mi actual trastorno), veo la luz del sol brillar a través de la persiana de mi cuarto. Shit, aún no he bajado al perro, tengo que tirar la basura y dejar ésta mierda de casa presentable antes de pirarme, que he quedado con el subnormal de turno y pobre de mí si llego 2 minutos tarde.
Aún con la prisa por hacer todo no demasiado tarde, me calzo y arrastro mis legañas de dos kilos hasta la cocina, le ato la correa al perro y agarro la bolsa de basura más maloliente que jamás he tenido el placer de tocar nunca para tirarla al contenedor más cercano.
La espera del ascensor más o menos bien, no iba lo suficientemente despierto como para hacérseme larga. Pero lo peor estaba por llegar. Según me meto al ascensor y éste cierra su puerta, algo empieza a funcionar mal. No arranca, y lo poco que se desplaza es a trompicones.
No puede ser. No. No a mi. No hoy. No. Por favor.
Pues sí.
Me había quedado atrancado dentro del puto ascensor entre los pisos 13 y 12. Miro al cielo (en realidad al techo quemado del ascensor lmfao) intentando buscar ayuda divina, porque de verdad creía necesitarla. No os hacéis a la idea de cómo pintaba el día desde entonces. Con el soponcio encima, dentro del ascensor que se estaba volviendo una olla a presión gracias al calor propio de la temporada y su sol azotando, los llantos de mi perro por la ansiedad de no poder aguantarse la meada padre que iba a soltar, mas el hedor de la bolsa de basura o más bien restos de cuerpos humanos, o lo que sea que oliese tan jodidamente fatal. Ah si, para colmo, tras oír mis intentos por salir de aquel ascensor maldito, había una vecina golpeando la puerta en el piso 12.
Entonces claro. La vecina tendría que llamar al técnico de turno a que me sacase de éste cubículo de despropósitos; échale que una hora perdida entre que ata cabos y deduce que tiene que llamar (y a quién llamar), y llega. Una hora da tiempo para que mi perro mee 2 litros en mis zapatillas y plante un pino silvestre suficiente para provocarme el desmayo, si es que he sobrevivido y aguantado las arcadas inferidas por esa bolsa negra llena de pelos púbicos sudados de Belzebú. Encima, tras todo el embrollo de ir a tirar la basura, llegar a casa, limpiar el destrozo del ascensor (los orines perrunos no se iban a fregar solos)(ya paro con los paréntesis), limpiarme yo mismo y prepararme, iba a llegar excesivamente tarde, dejando inevitablemente plantado al chaval de turno, mas la consecuente pelea de después.
HELL NAH. Cojo aire para el último recurso pendiente y me pongo manos a la obra. Como los botones no respondían, tuve que hacer uso de mis dones gallegos: Agarré la puerta de metal roñoso del ascensor y la abrí con fuerza bruta para volver a cerrarla a base de forzarla aún más. Because logic.
Funcionó. El ascensor se volvió a poner en marcha y suspiré con alivio y asco (seguía oliendo fatal). Entonces, se para en el 12, desde donde mi vecina estaba golpeando la puerta.
"Joder hijo, ¿te habías quedado pillado eh? Estos putos ascensores cada día funcionan peor. Menos mal que te he sacado, que si no te quedas ahí."
Voy a ahorraros tres párrafos íntegramente en mayúsculas maldiciendo su existencia entera y ese autoestima gigantesco por pensar que aporreando la puerta me sacó de allí. Casi le hago comerse la bolsa de basura que llevaba en la mano.
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| Brass aqueous era |
Mi perro hizo sus necesidades, me libré de la bolsa de basura exitosamente, y me dio tiempo a hacer todo. Pero me llevé el fuckup mental. ¿Os imagináis la cara de mi colega a medida que le cuento todas las razones por las que hubiese llegado tarde?
Mejor no.

