¿Os he contado alguna vez cuando un niño gordito me robó la mochila?
Iba con Jotha y mi padre por un camino de marisma peculiar. El camino era de gravilla y tierra, con algunas piedras y charcos salpicándolo, y con algunas salicórneas (arbustos salinos), esparragueras y ramas secas en sus lados. A la izquierda, todo era agua en calma, y a lo lejos se veían algunas fábricas, gruas gigantes y barcos. A la derecha, un enorme muro de tierra, muy empinado como para siquiera intentar escalarlo.
A veces cruzábamos por enormes cuevas producidas por árboles que llegaban a taparlo todo con sus hojas y ramas. Llegaba a ser ligeramente tenebroso, incluso. Seguimos caminando los tres hasta llegar al final. En el final, el muro terminaba, pero también el camino. Todo lo que había delante era más agua. A la derecha, en vez de muro, lo que había era un puente que avanzaba hasta donde la vista me permitía ver. Parece ser que para subir a ese puente había que escalar el muro, pero no era de mi incumbencia. Nos sentamos en unos bancos de piedra, con una mesa a juego. Muy chulos, por cierto.
Mi padre se quedó en uno de los bancos contemplando el paisaje mientras que Jotha y yo volvimos a explorar (a explorar un camino totalmente lineal). Volviendo a pasar por una de esas cuevas de árboles que se formaban, nos dimos cuenta de que había telas de araña enormes. Jotha se puso a tocarlas y hacer el tonto con una, y a mí me daba bastante asco, pero bueno, déjale. Me fijé en que los árboles salían de la zona de agua, haciendo que la parte oscura del agua fuese más tenebrosa aún. Tras esto, decidimos volver.
Poco antes de llegar a los bancos, vimos a un niño gordito que llevaba la maleta de mi padre. Maldito gordito, le has robado la maleta a mi padre. Puto gordo. Lo pongo en negrita porque la letra es ligeramente más gorda, como el niño, y porque me encanta ese conjunto de dos palabras. Cogí al niño, le eché una bronca y fui a devolverle la maleta a mi padre.
![]() | |
| Igloo, not lou. |
Resulta que mi padre ni se había coscado, pero estaba mirando al cielo fijamente. Algo pasaba. No me había dado cuenta pero era de noche, estaba atardeciendo cuando salimos de la cueva de árboles, y cuando lo del gordito, era casi de noche, pero no me había dado cuenta de eso hasta ahora. Mi padre señala al horizonte, donde antes había fábricas. Ahora sólo había oscuridad, y algunos rayos. Esos rayos, por lo que sea, no iluminaban el agua sobre la que caían. No iluminaban nubes. Sólo eran ramificaciones blancas que veía perfectamente, pero sin ningún tipo de iluminación alrededor.
Empezó a hacer un viento muy fuerte, y mi padre, con muchísima tranquilidad, nos dijo: "Va, vamos bajo la mesa de piedra". Le hicimos caso, y empezaron a llegar tornados. No sabría decir cuántos eran, pero joder. Eran más de diez. Estaba acojonado y flipándolo a partes iguales. Tornados y rayos que no iluminan sobre mí.
Se pone todo en calma, y me dispongo a encender una linterna porque oigo un ruído. Veo al niño gordito corriendo como un perro paticorto. Como si tuviese la animación de correr muy rápido, pero yendo a 5km/h. No me molesté en perseguirle, hasta que vi que mi mochila ya no estaba.
Puto gordo. Ojalá se lo lleve un tornado. Bueno, quizás dos o tres por el peso.
