¿Os he contado la vez que tuvimos que burlar la "seguridad" de un edificio en construcción tras haber pintado en él?
Sí, graffiti. No, no tengo/tenemos 15 años. El "serio", el "bueno". Bajaos de la montaña de cuñadismo y venid a escuchar. Como toda forma de arte, puede agradar o no a ojos de cada quien, tanto sus infinitos estilos y/o ejecuciones como su propia puesta en práctica. Las pintadas vandálicas también son carne de psicoanálisis, y cada artista también tiene sus motivos o razones por las que hace lo que hace. O no. Porque también se puede prescindir de todo eso, perfectamente. Eso es lo que lo hace bonito en gran parte.
"Escribir (pintar) es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo todos aquellos que no escriben, componen o pintan logran escapar la locura, melancolía, pánico y miedo, que son inherentes en una situación humana."
- GUNS
Si os interesa ver algunos de los distintos estilos, códigos e ideales de distintos artistas, visitad el canal de youtube de Tags And Throws. El estilo del canal es la entrevista, tenéis que usar materia gris para interpretar el contenido. Pero Bueno. Dejémonos de polleces.
Son las 21:00 en pleno agosto, aún hay luz, pero bastante tenue. Mi colega y yo observamos desde los matorrales a unos 50 metros de nosotros los pilares de un edificio de la nueva urbanización de lujo que la constructora corrupta de turno levantará en un margen de un año y medio. Alejados del centro de la ciudad, la zona es bastante tranquila y no hay apenas nada más en un kilómetro a la redonda, aproximadamente. Las aceras están a estrenar como quien diría, aún no hay césped donde está planeado que lo haya, sino tierra removida, y los caminos están recien asfaltados.
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| Cinnabar ouija zip |
Pensamos en ir de madrugada, cuando todo está a oscuras y nadie se para a apreciar en la oscuridad dos figuras antropomorfas manejando botes de pintura en mitad de un yermo enorme. Pero también estaríamos a ciegas para hacer nada decente, y si llevásemos linternas sería tan cantoso o más que hacerlo a plena luz del día sin nadie para verlo. Así que fuimos el día siguiente, festivo, por la tarde. Con la calma, con la tranquilidad.
El camino es ameno, pues la compañía es buena. Al fin y al cabo somos dos chavales con la misma intención y con ambición por colaborar. Además, si la policía llega a vernos transportando sendas mochilas llenas hasta arriba de material destinado a un uso potencialmente delincuente, no tendrían nada de lo que acusarnos. Recordad, lo ilegal es pintar en propiedad privada sin autorización, no llevar pintura encima. Ésto no es cannabis.
Llegamos al sitio y vemos el mismo panorama del día anterior, pero sin el ajetreo propio de una obra. No parecía haber nadie, sólo pudimos ver cubos de cemento, tablas, andamios y otro tipo de materiales de construcción.
De la misma, bajamos de un salto a lo que sería el sótano del edificio, y vemos la columna enorme donde pintaríamos, él por un lado y yo por otro. En el silencio sepulcral del campo deshabitado pero aún con la inseguridad encima de la chepa (obviamente, estábamos haciendo algo que nos costaría unos cuantos miles de euros en multas y varios servicios sociales), nos ponemos manos a la obra. No pun intended.
Según vamos por la mitad del trabajo, mi compañero saca una radio vieja y se pone a sintonizar una cadena extraña de la ciudad. Hasta yo he tenido que leer dos veces la frase. ¿Qué cojones de radio? ¿Por qué? Le inspiraría, o le ayudaría a hacerlo mejor, o algo. Lo que sea. El sonido era estridente, como si te estuviesen escudriñando una bolsa de gusanitos justo al lado de la oreja. Le dije que por lo menos la sintonizase bien, que el ruido de los aerosoles sumado al de la radio nos iba a delatar, como si no tuviésemos ya suficiente.
Tras intentar terminar la pintada a todo correr, el desplazamiento vertical de nuestras gónadas hacia nuestros sudorosos cuellos y varios intentos fallidos de bajarle el volumen a la radio, escuchamos un grito detrás nuestro. Oh fecees. Here cometh that not-so-young segurata.
Retrocedo entonces hasta estar a la altura de mi compañero en el lado opuesto de la columna, mientras el encargado de detenernos preveía que podíamos escapar por cualquiera de los dos lados y burlar su simple presencia. Apoya su brazo en la columna intentando cortar potenciales trayectorias, pero un pobre mileurista técnicamente explotado no iba a parar a dos veinteañeros chutadísimos de adrenalina debido al vértigo de tener que pagar miles de euros y grabar a fuego en nuestros expedientes una infracción mayor.
Poseído por el movimiento de caderas de Shakira y la habilidad de driblar del mejor Ronaldinho, amago con irme por el lado opuesto del agente de seguridad mientras mi compañero amenaza con ir por ese mismo lado. Al observar ésto, el segurata se reposiciona en el otro lado mientras mi compañero escapa por el que acababa de dejar libre, quedando yo atrás. y nuestro enemigo en una situación desfavorable. Tras ver que uno ya se le había escapado, decidido por atraparme, intenta abalanzarse sobre mí optando por coger el camino izquierdo de la columna. Aprovecho el tiempo extra que le llevaba decidirse por el camino que escoger y recorrerlo, y tomo el opuesto.
La satisfacción de saber que nos habíamos zafado de la seguridad del sitio sólo nos ayudaba a correr más rápido, era genial. Miramos atrás y sólo quedaba el pobre hombre maldiciéndonos, además de nuestras mochilas con los botes de pintura que quedaban. Cierto es que perdimos la mochila vieja y sucia con alrededor de 10€ en material dentro, pero sinceramente y poniendo las cartas sobre la mesa, prefiero perder eso antes que miles por una multa que iban a cobrarse el estado y la constructora.
A ellos les sale más caro borrarlo que a nosotros pintarlo, y en una buena parte, de eso se trata.
