1/8/16

C'thulu Guantanamero

Vale, el título anticipa la secuela de aquella aventura pseudo-gráfica sectaria en la que me infiltraba vestido como uno más de ellos y acababa de aquella manera tan sobrenatural que no os voy a desvelar por si aún no la habéis leído.

No sé a qué o quién acabé debiéndole algo, pero más pronto que tarde, me vi involucrado en otra aún más enrevesada historia homotemática (supongo también que por devolver el favor al susodicho), por difícil que pareciese. Ésta vez, con un equipo que trabajaba conmigo de forma veraz. Dentro de una prisión de máxima seguridad, nos encontramos indagando un teórico suceso "paranormal" que abarcaba a los propios reclusos y aún desconociendo si por esa razón aún desconocida (redundance hits dawg), provocaba que éstos actuasen sospechosamente organizados con ánimo de rebelión dentro del recinto, proclamando su libertad y encomendándosela a un ente por encima de nuestro entendimiento. Una especie de "dios", para que nos entendamos. Asimismo y después de aclarar el contexto, vamos al grano:

Grupo de seis compañeros (incluyéndome a mí), no nos conocemos de nada, pero tenemos más que claro que hemos de cumplir el objetivo a modo de saldo de una deuda concreta. Suficientes razones y coartadas para sacar lo mejor de nosotros y adentrarnos en la pesadilla más profunda de un claustrofóbico-supersticioso-católico practicante. Equipados con linternas y poco o nada más, estamos en una de las fases más profundas de la cárcel, cada vez más cerca de llegar al nexo de nuestro objetivo. Tras haber exprimido al máximo la herramienta que representaba el ascensor (usarlo hasta cierto nivel era seguro, pues aún no se nos escucharía llegar a partir de cierta altura), nos presentamos en la planta de la lavandería, que a su vez también se usaba como vestuario para los empleados de limpieza. Iluminamos nuestros alrededores antes de seguir caminando lo más silencioso posible, y empezamos a buscar.

Lo primero que encontramos era una pared frente a la salida de los dos ascensores funcionales de la prisión; se podía girar hacia la izquierda o hacia la derecha según salías de uno de ellos (los dos caminos llevaban a la misma habitación, unida tras la columna de los ascensores). Antes de poder doblar la esquina, nos llamó la atención una bañera arrancada de cuajo del sitio al que perteneciese e introducida en un cesto de ropa sucia a la perfección. Dentro de ella, un cadáver aún "reciente" representando la arquetípica imagen de suicidio: venas de ambos brazos rajadas longitudinalmente y la sangre que recorría las mismas diluyéndose en el agua que baña el cuerpo sin vida. Algo que nos avisaba del panorama que nos íbamos a encontrar. Como si no nos lo esperásemos ya. Aunque he de recalcar que parecía puesto a propósito para que lo viésemos, como una especie de distracción para investigadores de pacotilla, el setup estaba extrañamente cuidado.

Más bien pasando del cuerpo sin vida, nos adentramos más en la sala, y empezamos a "separarnos" dentro del terreno que nos quedaba por cubrir. No era gran cosa, pero cada uno de nosotros ya tenía su posición; con el conocimiento conjunto de todos, ya habíamos analizado a fondo la sala. Uno de mis compañeros prendió los fluorescentes del piso, y efectivamente, era el típico escenario de vestuario. Taquillas alineadas y apiladas unas encima de otras, con varios lavabos y un espejo longitudinal que cubría la pared casi por completo



Tras divagar entre el mobiliario viejo y acabar en blanco, se me ocurrió algo. Debíamos estar ahí por alguna razón. Alguien o algo tenía entre manos planes para nosotros en esa misma sala. Algo que nuestros ojos no podrían ver a simple vista. Al fin y al cabo, el cadáver perfecta y minuciosamente posicionado dejaba entrever las intenciones que aquel algo o alguien tenía para con nosotros. Propuse a mis entonces camaradas abrir todos los grifos disponibles de la habitación, exclusivamente con agua caliente. Se miraron extrañados entre ellos, pero no había nada mejor que hacer. Entre cuatro de ellos, se encargaron de girar los oxidados y viejos pomos que liberaban la corriente de agua de dentro de las cañerías putrefactas. Tan pronto como lo consiguieron, el agua comenzó a fluir y drenarse a través de los conductos destinados a ello. Las tuberías que formaban el recorrido que hubiera debido llevar el agua vivieron mejores días, así que no cumplían del todo su función. Una parte del líquido que debían tragar, quedaba afuera debido a la pérdida de la capacidad de conducción del agua, suponíamos que por posible musgo, animales muertos, bolas de pelo, u otra clase de típicas razones, sin necesidad de ser más explícitos. Simplemente no tragaban del todo bien.

Funcionó. El agua cada vez tornaba más caliente, y su consecuente nube de vapor se hacía más y más grande, provocando que el espejo del vestuario se empañase a un ritmo mayor a medida que los grifos dejaban caer el agua. Acorde a mis planes, el vapor del agua cubriría la superficie del espejo creando vaho sola y únicamente en las partes que no fueron tocadas desde la última vez que se limpió (quién sabe cuándo). Los lavabos comenzaban a saturarse e incluso el agua comenzaba a derramarse  después de colmarlos. Pero los espejos ya estaban completamente cubiertos de vaho... Excepto una parte. Nos acercamos para tratar de leer o interpretar lo que sea que hubiese ahí escrito o dibujado después de las miradas de asombro dirigidas hacia mi persona por parte de mis compañeros de trabajo.

Y entonces ocurrió.

Los fluorescentes empezaron a brillar con una luz cegadora provocando que más de uno estallase incluso antes de poder fijarnos en lo que estaba escrito. Los espejos comenzaban a oscurecerse y gotear agua casi hirviendo. Se notaban movimientos sísmicos procedentes de sitios lejanos, y el propio suelo de la habitación temblaba. Las paredes se desprendieron a la altura del rodapiés, y caímos hacia otro piso inferior, junto con las baldosas pertenecientes al suelo de la altura en la que estábamos.

El panorama sólo podía ser descrito como anarquía. Caímos en la sala dedicada a la retención de los prisioneros que más debían estarlo, muchos de ellos aún huyendo de sus celdas y agradeciendo a los cuatro vientos su libertad al ente oscuro que dominaba el habitáculo. En el centro de la sala, una masa enorme constituída por tentáculos morados en su tonalidad más oscura, abriendo todos los conductos posibles dentro de la habitación, con los prisioneros de su parte en su búsqueda de los seis pobres diablos que se habían encargado de infiltrarse para descubrir qué estaba pasando en esa especie de ritual ocultista turbio. Aún sin incorporarme del todo, con una rodilla en el suelo, levanto la mirada y veo a mis cinco compañeros despavoridos y desesperados por encontrar una salida. Pobres ingenuos e inocentes hijos de la peor maldición jamás pronunciada, sus impulsos solo les llevarían a la ruina una vez más. En esa planta, había tres ascensores. En cada uno de ellos, metido un prisionero aguardando a cualquiera de mis compañeros que quisiese meterse en ellos con el objetivo de huir. Dos de ellos cayeron en la trampa, y se auto-condenaron a una tortura hasta la muerte dentro de ese angustioso metro cuadrado. Los tres restantes, fueron capturados por los tentáculos de la susodicha criatura demoníaca y asfixiados o estrujados como inmundos insectos. Sin embargo, fui el último en caer, y la misión seguía en pie. El favor que se me fue concedido era demasiado grande como para echarme atrás y no pelear hasta la muerte, no como mis compañeros hicieron. Me levanté y cargué contra aquel monstruo esquivando prisioneros furiosos escapando hacia su libertad (o lo que ellos creían por libertad, por si no era ya flagrante, estarían bajo el mando de aquel ser).

Los planes no habían acabado. antes de acercarme siquiera un metro de distancia, entre los tentáculos se abrió paso un ojo de serpiente enorme que me lanzó una mirada petrificante y sacudió todos mis conceptos sobre el espacio-tiempo y la "realidad" en general. Borró todo rastro de humanidad en mi mente hasta el punto en el que ya no sé si existo. ¿Qué planes tienen para mí? ¿Cuál es mi objetivo? ¿Quieren convertirme en uno de ellos? ¿Tendré que unirme a la guerra última por la toma del control de todo lo apreciable?

Si no tenía suficiente con no querer vivir, trascendí todo tipo de valoraciones para pasar a no querer existir.

"Los ojos de su padre, la enfermedad mental de su madre"
- C.F.