¿Os he contado cuando confundí a unos mirlos azules gigantes con cormoranes?
Estaba en una playa paradisíaca sobre mi toalla, en bañador. Viendo el mar y contemplando el horizonte. No había nadie más, salvo alguna persona paseando, y una chica pelando frutas de un cesto para dejarlas en otro, ya peladas.
Me propuse ayudarla, por aburrimiento, y porque era guapa (damn patriarchy). Tras un minuto pelando fruta, sin siquiera presentarnos, vino una enorme ola que nos tiró a nosotros y a los cestos. Entre risas, empezamos a recoger las cosas y nos alejamos un poco.
Seguimos sin mediar palabra, no sé por qué motivo, pero estaba bien. Poco a poco vino más gente. Sin presentarse, sin hablar. Parecían familiares de la chica. Yo seguía pelando fruta.
Los familiares empezaron a traer sillas y una mesa. Poco a poco, y casi sin darme cuenta, estaba dentro de una enorme caseta, sentado junto a los familiares, y sí, pelando fruta.
Seguían sin hablar, pero me sentía genial entre ellos. No sabría decir cuántos eran, pero estaba agusto en aquella pérgola que casi era una mansión. Nos pasábamos las frutas peladas y comíamos. Entre risas, gestos y sin palabras nos lo pasamos genial.
Con un gesto, hice el ademán de marcharme. Mi familia me echaría de menos, y mejor no molestar mucho a la familia de mudos. Me fuí haciendo un gesto con la mano mientras con la otra levantaba la tela de la entrada.
De vuelta en la playa, fui con mi familia. Les comenté lo que acababa de pasar, y almorcé con ellos. Tras esto, me propuse caminar por la playa un ratito.
Tras un buen rato caminando, encontré un gigantesco cubo de piedra. Cubo de forma geométrica. Diría que era perfecto. Las olas chocaban contra ese enorme cubo, pero no podían con él. Lo escalé, y desde arriba me llovía de lo fuerte que eran las olas. Me sentía poderoso al estar ahí arriba, frente a unas olas que facilmente me matarían, sin recibir daño alguno. A los lados del cubo, las olas seguían adelante bastante distancia, formando un camino de arena hacia donde estaba yo.
Cuando me aburrí de ser Poseidon, me bajé y me fui a una casa gigantesca que había más hacia adentro. Era enorme. Me puse a cotillear y vi que no había nadie, y que la puerta estaba abierta.
Evidentemente, entré. La casa era increíble. La entrada era un pasillo cuyas paredes y techos eran de cristal. Justo delante tenía a dos mirlos azules gigantes, a los que llamé cormoranes. Molaban muchísimo, pero estaban asustados y no volaban. Tenían un tamaño desproporcionado, llegando sus cabezas a mis rodillas.
![]() |
| Car Morons |
Los cogí como pude en brazos a los dos, y me dispuse a salir, pero había empezado a llover muy fuerte, así que permanecí dentro.
Fui explorando la casa, en busca de comida y agua para los cormoranes. Les ofrecí comida, y comieron. Les ofrecí bebida, y bebieron. Seguí explorando la casa, y los cormoranes me seguían a todas partes. Me había encariñado de esos pajarracos.
Fui explorando la casa, en busca de comida y agua para los cormoranes. Les ofrecí comida, y comieron. Les ofrecí bebida, y bebieron. Seguí explorando la casa, y los cormoranes me seguían a todas partes. Me había encariñado de esos pajarracos.
Después de un rato, dejó de llover y me dispuse a irme. Los cormoranes no se quedaron en la casa, pero tampoco se fueron a volar libremente, sino que me seguían, ya sea a a pie o volando.
Y me encantaba.
