Era casi Navidad en el instituto. Se respiraban ya las ganas de no ir más a clase hasta el año siguiente, de las vacaciones, de la navidad. También se respiraba sudor, porque era el Grado Superior de Informática, y aunque hiciera un frío de cojones, los treinta ordenadores y sus treinta alumnos se encargaban de calentarlo todo.
A cierto alumno sin título de la ESO, al que llamaremos Rob, se le ocurrió la genial idea de hacer un Belén en Minecraft. Dicha idea fue apoyada por la brillantísima profesora Susan (con el golpe tónico en la u). Con árbol de Navidad y todo. Todo iba bien. Día tras día, un grupo de alumnos (unos 10) construían cosas en un servidor pirata montado en LAN. Tengo que recalcar que era pirata, porque de esa forma, cualquiera podía entrar, y el que entraba, elegía su nombre. A otro brillante alumno se le ocurrió que el Belén iba a tener un recorrido en vagoneta, para ir viéndolo todo. Y a otro brillante alumno (yo), se le ocurrió reducirlo todo a cenizas.
Fui poco a poco. Al principio sólo ponía carteles ofensivos en según qué lugares. Otras veces quitaba algo, para eliminar simetría. Pero mientras hacía todas esas cosas, pasando desapercibido, también estaba haciendo un lago gigantesco de lava bajo la superficie del Belén, a la vez que escondía cargas de dinamita dentro de los regalos, del árbol, de ciertas zonas estratégicas y demás. La lava en Minecraft funciona de una forma poco lógica. Si hay lava debajo, y hay tierra arriba, no pasa nada. Pero si se elimina esa tierra, quemará todo lo que haya más arriba. Incluyendo un árbol enorme, regalos, cargas de dinamita, y demás.
Se me ocurrió que, al ser un servidor pirata, podía entrar con cualquier nombre, incluyendo el de otro alumno. Así que lo hice, me puse uno que vi por ahí volando. Cuando se fue, entré con el suyo, y quité toda la tierra. Muchos me vieron hacerlo, y todos vieron la lava. Sí. Todos vieron cómo todo ardía. Intentaron apagarlo con agua, pero yo estaba echando más y más lava. Nadie veía mi ordenador. Yo estaba trabajando, por supuesto, porque yo no participaba en dicho evento. Todo se redujo a cenizas, tal y como quería. Todo se fue a la puta. Fue un evento estrambólico.
A la siguiente hora, Susan nos echó una bronca de campeonato a todos. Poco a poco los alumnos iban hablando de la persona que estaba volando con un cubo de lava echando todo a perder. Todos recordaban cómo un psicópata volador iba echando bloques de lava sobre todas las cosas, y cómo todo iba ardiendo y explotando. Susan estaba muy enfadada. Tanto que necesitaba un culpable. Y lo tuvo.
Expulsaron al mártir. Por algún extraño motivo, no se declaró inocente. Quizás lo quería.