¿Os he contado cuando tuve lo más parecido a una parálisis de sueño?
La sombra empieza a levantar su mano hacia el techo, y lejos de estar agitado, más bien me siento confuso. Aunque tampoco me hubiera quedado muy quieto si hubiese podido moverme. Tan pronto como llega al punto más alto que puede alcanzar, la baja rápidamente y unas míseras décimas de segundo antes de aterrizar en mi pecho, me doy cuenta de que es un golpe dirigido hacia mí.
Me despierto de golpe, evidentemente alterado, preguntándome qué coño acaba de pasar y pitándome el oído como nunca.
Sabía que el nihilismo me acercaría a territorios oscuros, pero no los de ésta categoría.
Cojones.