¿Te conté cuando tuve que infiltrarme en el basement de una secta esotérica ocultista?
Desde el interior de una Ford Transit negra, mis dos jefes monitorizaban toda la información en su equipo de alta gama montado en la parte de atrás de la furgoneta. Una vez me dieron la misión de explorar el nexo de la misma y vestido con la sotana propia y la capucha, salí del vehículo dispuesto a explorar.
Lejos de lo que me había imaginado, la secta era todo lo contrario a un sótano oscuro con pentagramas dibujados con sangre y cadáveres de cabras esparcidos por todas partes. Al bajar de la furgoneta y literalmente a 5 metros de distancia, se encontraba el comienzo de un cementerio sorprendentemente organizado y limpio. Eso era la secta. Abierta a todo el público pero con nadie más pululando que los mismos miembros. Estoy seguro de que de alguna forma u otra se aseguraban de que nadie más tuviese un fácil acceso. Si logré llegar hasta allí tan fácilmente, puede que incluso se esperasen mi llegada. Quizás mis jefes fuesen miembros. ¿Y si hicieron un trato con la secta para llevarme como una especie de sacrificio? No era tiempo de pensar. Tenía una misión por cumplir.
Cabe recalcar que la primera impresión del recinto no era para nada algo corriente; en la frontera del cementerio comenzaba un denso nubarrón gris que tapaba el cielo azul del día, como una especie de parasol sobrenatural. Trato de actuar normal, cubro mi rostro con la capucha y me adentro.
Según entro, lo más llamativo es el setup de lo que se asemejaba a un cementerio: Había numerosas lápidas repartidas a través de un jardín verde a los costados del camino principal, delimitado por un ladrillo redondeado con una valla sutilmente entrelazada de unos 50 centímetros de altura. El ambiente se antojaba tenso, muchos de los seres (potencialmente no humanos) paseaban o simplemente miraban fijamente a una tumba en concreto desde la acera, hieráticos. Una vez avancé un poco más dentro del dominio, el camino hacía esquina con una especie de templo que se asemejaba a la iglesia más convencional y genérica en una piedra gris que le añadía un ambiente aún más oscuro si cabía al entorno. Aunque quizás no tuviese nada que ver con la secta o sus prácticas. Recalco que al usar capucha, el rango de mi visión estaba limitado por los meticulosos movimientos permitidos para que no se me reconociese como persona siquiera. Visto lo visto, me espero cualquier cosa de algo tan oscuro planteado tan simple como en un cementerio. Wow. Qué ocurrente. Algo oscuro en un cementerio. Quizás fuese el cuarto del conserje.
Después de doblar la esquina hacia la izquierda, se aprecia luz que proviene de una estatua con forma de centauro (también gris, cómo no) con un casco medieval colocado en la cabeza y una especie de armadura.
Sin previo aviso y tan pronto como avisto lo que deduzco que era el corazón de la base, me descubren. Sin haber hecho ninguna clase de movimiento extraño ni nada que de una pista sobre lo perdido que estoy.
De perdidos al río. Veo cómo todos los encapuchados de mi alrededor desvelan sus caras de ojos rojos luminosos y facciones ancianas, mientras veo una enorme esfera que se me aproxima a una velocidad desmedida. En un acto de desesperación, echo a correr retrocediendo por el camino previo y me escondo detrás de uno de los pilares que sobresalían de la iglesia, anticipando que la entrada al sitio estaría cerrada.
La esfera movida por fuerzas malignas y con misión protectora salía en mi busca y por fin daba conmigo. Al ser un cuerpo esférico, llegaba a golpearme pero no a absorberme ni aplastarme completamente. Recordad que estaba en una esquina y no puede cubrir esa superficie.
Más bien por liquidar todo posible futuro sufrimiento que por orgullo, acabo por encomendarme a otro dios en una especie de sacrificio que leí en libros de cuestionable moral. Agarré mis dos ojos con sendas manos y procedí a sacarlos de sus propias órbitas. Mi alma, o lo que nuestras mentes ubican en esa palabra, escapaba de las garras de la secta y les quedaba su siniestra chilaba. Poco después me vi reencarnado en mi propio cuerpo en el sitio de donde me recogieron con la furgoneta. Sobreviví. Aunque creo que debo algo a un ente supra-dimensional de cuya existencia no estoy realmente seguro. O no al menos en nuestra realidad.
