22/12/16

La Granja

¿Os he contado cuando me echaron de una granja de cuadrados?

Estaba con Jotha en un bosque. Llevábamos varias horas perdidos, y de no ser por la espita casera que hizo él, estaríamos muertos de sed. Sólo había árboles y más árboles. A veces altos, a veces bajos. A veces con arbustos, a veces sin ellos. Pero siempre más y más árboles. Al cabo de unas horas, encontramos un río lo suficientemente grande como para decidir acampar. Parecía que habían pasado unas 12 horas, pero seguía siendo de día. Aún así, estábamos cansados.

Mientras Jotha trepaba un árbol para otear los alrededores en busca de algo que no fuesen árboles, yo recogí algunas ramitas, luego otras ramas más grandes. Hice un pequeño hoyo, lo rodeé con piedras, y puse las ramitas. Con un puntero láser azul, encendí el fuego rápidamente, y luego fui poniendo ramas más grandes, para hacer un pequeño fuego. La verdad es que hacía frío, pero no me di cuenta hasta que el fuego me dio calor.

Jotha bajó, y me dijo que siguiendo el río por la izquierda, había una montaña muy cuadriculada, que parecía artificial. De mi mochila saqué un par de bocadillos que tenía guardados por algún motivo, y empezamos a comer, y a descansar junto al río y al fuego. No hablamos apenas, estábamos cansados. Al terminar, echamos tierra sobre el fuego, recogimos nuestras cosas, y seguimos el río hacia la izquierda.

Estaba preguntándome a qué se referiría con eso de "montaña muy cuadriculada", cuando los árboles fueron desapareciendo, y apareció una puñetera montaña hecha de cuadrados. Estaba sacado directamente de Minecraft. No es coña. Una puta montaña hecha a cubitos. Tenía una pared extraña de un material rosado, con manchas blancas enormes, traslúcidas. No sé qué era eso, pero parecía la entrada al interior de la montaña.

Cuando fuimos entrando, vimos que estaba todo un poco ruinoso. En el interior de la montaña había una especie de parque, una plaza. Todo seguía siendo Minecraft. Pero había algo que no lo era. Una casa. Una casita, más bien. Esa casita era de verdad. Y era lo único que no estaba ruinoso, ni cuadriculado. Por supuesto, entramos, ya que la puerta estaba abierta.

Al entrar, todo estaba muy oscuro. Las ventanas estaban cerradas, y no veíamos forma de abrirlas, ni de subir las persianas. Cogí el láser, y le puse el cabezal de linterna. Una intensa luz blanca alumbró un pasillo, con una cocina a la derecha, y un cuarto baño más adelante, también a la derecha. Y una habitación al fondo. Había interruptores, pero no accionaban nada. Y algo nos decía que la casa estaba llena de trampas.

Fuimos con cautela hacia la habitación. Había una cama y un escritorio con un ordenador encendido. Al menos electricidad había, así que las putas luces tenían que funcionar. En la esquina de la habitación había algo tapado con una sábana. Y uno de los interruptores tenía un artilugio extraño, negro. Pulsé ese interruptor, y un láser rojo empezó a moverse. Lo detuve antes de que apuntase justo a un círculo que había en la otra pared. Probablemente una trampa. La habitación se iluminó con una bombilla del techo.

Mientras Jotha investigaba en el ordenador, yo fui a ver qué había bajo esa sábana. Y lo que había era una silla de ordenador, pero estaba dentro de un agujero. Ese agujero parecía llevar a un piso inferior, o un pasadizo. Ni idea. Seguí investigando, y encontré un Nokia viejo, de slider, sobre la mesita de noche. Lo encendí, y probé 1111 y 1234 como pin, pero no funcionó. Lo dejé ahí por si encontraba un papelito con el pin.

Pero no lo encontré, me cago en la hostia. Todos los cajones estaban vacíos. Todo vacío. No obstante, la búsqueda de Jotha fue más fructífera. Gracias al ordenador, descubrió que la última actividad en esa casa fue en el año 2012. Y que... joder. Cómo decir esto. Que habían estado capturando Pokémons en la zona. En aquel momento no sabíamos si eran hablando de videojuegos, o eran Pokémons reales. Quiero decir, estábamos en una casa abandonada llena de trampas, dentro de una montaña de Minecraft, dentro de un bosque aparentemente infinito. ¿Por qué no?

Decidimos ir por el agujero. Era un pasillo estrecho que llevaba a algún otro lugar. Al menos estaba levemente iluminado con luces azules. Al final del tunel... bueno. Pues había más puñetero bosque. Al menos ya no había nada Minecraft. Ni Pokémons. Pero había algo más raro. En una zona clareada de ese bosque, había un suelo como... hecho de cuadrados. Surcos formando una cuadrícula. Y esos cuadrados eran de otro color. Como el mismo verde, pero si lo mirabas desde otra posición, era marrón. Muy extraño.

Y también estaban esos seres. Quizás habéis visto El Laberinto Del Fauno. Eran parecidos. Pero no tenían patas de cabra, sino patas hechas de ramas. Y eran más verdes. Y eran mágicos. Y tenían luces ténues por todas partes. Y... y eso. Joder. Ojalá supiera dibujar chaval. Esos seres estaban con unas palas extrañas, haciendo más surcos, y formando más cuadrículas. Cuando terminaban un surco nuevo, un cuadrado se erguía de la tierra. Era una granja, y plantaban cuadrados.

Uno de ellos se percató de nuestra presencia, y no pareció gustarle. El resto de seres empezaron a mirarnos fijamente. No deberíamos estar ahí. Todo fue desapareciendo. Poco a poco, todos los árboles, los seres y los cuadrados fueron trasparentándose. Y estábamos en una playa. Una playa conocida por nosotros. Un lugar desde el que sabíamos volver a casa, al menos. Pero a veces, si miraba fijamente, el bosque, los seres, y los cuadrados, seguían ahí. Y me habría encantado seguir explorando esa zona. Pero era el momento de volver a casa.

Como pequeña nota, he buscado mucho tiempo fotos para este sueño. Pero no he encontrado ninguna que me guste, ni que se acerque a lo que vi. Así que, ahí os quedáis. A leer libros de niños mayores sin dibujos.